Desde hace más de un año, Madrid ha optado por la confrontación abierta con Washington en dos frentes sensibles, la negativa a elevar el gasto en defensa al 5% del PIB como se comprometieron los demás miembros de la Alianza en la cumbre de La Haya, y la oposición frontal a la guerra liderada por Estados Unidos e Israel contra Irán, llegando incluso a prohibir el uso de sus propias bases militares para ataques. Esta elección tiene un coste, y ese coste está empezando a materializarse.
En abril de 2026, una filtración del Pentágono revelada por Reuters sacó a la luz discusiones internas que contemplaban suspender la participación española en puestos de responsabilidad dentro de la OTAN. En julio, Trump pasó a la acción en el terreno comercial al ordenar la interrupción de los intercambios comerciales con España. Pedro Sánchez descartó estas informaciones sin darle mayor importancia, diciéndose “sin preocupación”. Pero la acumulación de señales genera interrogantes, en un momento en que otras potencias regionales, por su parte, construyen pacientemente su red de alianzas militares sin levantar olas.
Una España que se aísla mientras otros tejen su red
Ahí es donde el contraste se vuelve llamativo. Mientras Madrid multiplica posturas que la exponen ante Washington, Marruecos, por su parte, ha densificado metódicamente su red de asociaciones militares con varios miembros de la OTAN, sin ponerse nunca en desacuerdo con ninguno de ellos.
Con Francia, la relación se ha relanzado explícitamente. En junio de 2026, al margen del salón Eurosatory en París, responsables franceses y marroquíes de defensa abordaron la profundización de su cooperación en capacidades e industria, de cara a una cita diplomática importante prevista para julio en Rabat. Esta dinámica se suma a contratos ya firmados, en particular la entrega de vehículos militares Sherpa, y a conversaciones avanzadas sobre la adquisición de helicópteros Caracal H225 a Airbus.
Con Bélgica, la cooperación se apoya en un acuerdo bilateral firmado ya en 1992 y un arreglo técnico de 1998, pero no deja de intensificarse, como recordó un encuentro entre el inspector general de las Fuerzas Armadas Reales y el jefe de la Defensa belga, quien se felicitó por el balance de esta cooperación en materia de formación y entrenamiento.
Marruecos también ha firmado una hoja de ruta de cooperación en defensa con Estados Unidos que se extiende hasta 2030, ha forjado vínculos crecientes con Alemania, que ha propuesto un acuerdo de cooperación militar, ha acogido un taller militar conjunto con la OTAN y la Unión Africana en su propio territorio, e incluso ha acelerado su acercamiento en seguridad con Israel, con un plan de trabajo militar conjunto validado para 2026.
Ninguna de estas asociaciones ha expuesto a Rabat a sanciones o amenazas de marginación. Marruecos avanza sus fichas con constancia, sin provocar, sin enemistarse con sus interlocutores, acumulando acuerdos en lugar de coleccionar contenciosos.
El peso de un desacuerdo frontal con Washington
El verdadero problema español no es tanto el fondo de sus posiciones, cuestionar el objetivo del 5% del PIB o negarse a asociarse con una guerra en Oriente Medio son decisiones soberanas, sino la manera en que se han exhibido. Prohibir el uso de sus propias bases militares para operaciones estadounidenses, públicamente, equivale a propinar una bofetada a su principal aliado. Trump se lo tomó así, recordando en varias ocasiones que España era “el único país de la OTAN” que no había aceptado ese esfuerzo presupuestario.
El hecho de que las sanciones comerciales blandidas en octubre de 2025, febrero de 2026 y luego julio de 2026 nunca hayan producido, por ahora, efectos duraderos, no debería tranquilizar demasiado a Madrid. Este patrón repetido muestra sobre todo una administración estadounidense que pone a prueba, en cada ocasión, la resistencia de España y la solidez de sus apoyos, un escenario que podría, algún día, dejar de quedarse solo en amenazas. Un desacuerdo presupuestario o estratégico puntual, si Trump decide hacer una nueva demostración de fuerza, podría esta vez traducirse en una apartamiento real de los puestos de mando de la OTAN, sin que ningún mecanismo jurídico proteja a Madrid.
Lo que Madrid arriesga perder concretamente
- El peso institucional. Menos oficiales españoles en los puestos estratégicos de la OTAN significa menos influencia sobre la doctrina y las operaciones de la Alianza en los próximos años.
- La credibilidad presupuestaria. Rechazar el objetivo del 5% del PIB mientras otros se alinean aísla a España en las futuras negociaciones sobre el reparto de la carga.
- El margen de maniobra comercial. Cada nuevo episodio de tensión comercial bilateral, incluso sin efecto inmediato, fragiliza la previsibilidad de las relaciones económicas con Washington.
- El impulso diplomático regional. Mientras Madrid se concentra en su pulso con Estados Unidos, otros actores, empezando por Marruecos, consolidan sus redes de alianzas sin verse nunca obligados a elegir bando.
Conclusión abierta
España puede seguir defendiendo sus posiciones sobre Irán y sobre el gasto en defensa, es su derecho soberano. Pero lo hace actualmente en solitario, sin una red jurídica sólida frente a un aliado estadounidense acostumbrado a sancionar primero y negociar después. Mientras tanto, otros actores regionales avanzan sus fichas con método y constancia. La pregunta que se plantea ahora a Madrid ya no es si tiene razón en el fondo, sino si puede permitirse, en esta correlación de fuerzas, seguir tan aislada durante tanto tiempo.
Preguntas frecuentes
¿Puede España ser expulsada de la OTAN?
No, el Tratado de Washington de 1949 no prevé ningún mecanismo de exclusión forzada. Pero esta protección jurídica no impide una marginación informal y progresiva.
¿Por qué Trump apunta particularmente a España?
Madrid es presentada por Washington como el único país de la OTAN que no ha aceptado el objetivo del 5% del PIB destinado a defensa, además de su oposición a la guerra contra Irán.
¿Busca Marruecos reemplazar a España dentro de la OTAN?
No, Marruecos no es miembro de la OTAN y no puede aspirar al estatus español. Actúa como socio, multiplicando acuerdos bilaterales con varios miembros de la Alianza.
¿Han tenido efectos concretos las sanciones estadounidenses contra España?
Hasta ahora, las repetidas amenazas desde octubre de 2025 no se han traducido en sanciones duraderas, pero la frecuencia de estos episodios refleja una presión creciente.