Nada excepcional a primera vista: ambos hombres se cruzan con regularidad desde hace años. Y sin embargo, si se observa con más detenimiento, este enésimo apretón de manos dice algo bastante preciso sobre la trayectoria que ha tomado la relación entre Rabat y Moscú durante la última década.
Una relación que ha ganado sustancia desde 2016
Para entender el punto de inflexión hay que remontarse a marzo de 2016. La visita del rey Mohammed VI a Moscú dio lugar entonces a la firma de una declaración que elevó las relaciones bilaterales al rango de asociación estratégica profundizada. Un texto que, sobre el papel, se parecía a muchas otras declaraciones de intenciones firmadas durante visitas reales. Salvo que este fue seguido de resultados concretos, año tras año, en ámbitos tan diversos como la energía, la agricultura, la pesca o la educación.
Lo que llama la atención, al reconstruir la cronología de la última década, es la regularidad del diálogo político. Lavrov y Bourita se reunieron en Marrakech en diciembre de 2023, en el marco del sexto Foro de Cooperación Ruso-Árabe. Volvieron a verse en Nueva York en septiembre de 2024, en Sochi ese mismo mes de noviembre con motivo de la primera Conferencia Ministerial del Foro de Asociación Rusia-África, y luego en Moscú en octubre de 2025. El encuentro de septiembre de 2026 en Nueva York se inscribe, pues, en un ritmo que se asemeja más a una cita de trabajo rutinaria que a un acontecimiento diplomático aislado. Precisamente eso es lo que lo convierte en un indicador interesante: las relaciones que perduran suelen ser las que menos ruido hacen.
La agricultura, motor discreto pero determinante
Si la dimensión política de la relación marroquí-rusa acapara la atención mediática, es el componente agrícola el que, en cifras, pesa más. Rusia se ha consolidado en los últimos años como un proveedor de cereales de primer orden para el mercado marroquí, impulsado por las crecientes necesidades de importación del Reino y por la disponibilidad de trigo ruso a precios competitivos en los mercados internacionales. Marruecos, por su parte, ha reforzado sus propias exportaciones de frutas y hortalizas hacia Rusia, un mercado que ha diversificado sus fuentes de abastecimiento desde 2022.
Esta interdependencia agrícola no es trivial. Crea, entre dos países con sistemas políticos y alianzas internacionales muy distintos, una base de intereses económicos concretos que resiste mejor los vaivenes diplomáticos que las simples declaraciones de amistad. Es una dinámica que se observa también en otras relaciones entre Rusia y el norte de África desde el inicio de la guerra en Ucrania: Moscú, parcialmente aislado de sus salidas tradicionales hacia Europa, ha buscado consolidar su posición en mercados alternativos, y Marruecos, importador neto de cereales, tenía todo el interés en diversificar sus proveedores en lugar de depender de un número reducido de socios.
El expediente del Sáhara, línea de equilibrio diplomático
Ningún encuentro Lavrov-Bourita concluye sin una mención al expediente saharaui, y el de Nueva York no fue la excepción. La posición rusa sobre esta cuestión sigue siendo un ejercicio de equilibrismo asumido: Moscú aboga por una solución política negociada bajo los auspicios de la ONU, evitando al mismo tiempo adoptar una postura tan tajante como la de los socios occidentales de Marruecos.
El voto ruso en el Consejo de Seguridad, en octubre de 2024, durante la renovación del mandato de la MINURSO, ya ilustró esta prudencia calculada: Moscú se abstuvo en lugar de votar a favor o en contra del texto, alegando reservas sobre la manera en que se habían enmarcado las negociaciones. Un año después, antes de la votación de octubre de 2025 sobre la prórroga del mandato, Lavrov hizo declaraciones notables ante medios africanos, reafirmando el compromiso de Rusia con el principio de autodeterminación, al tiempo que reconocía que Marruecos solo lo concibe bajo la forma de autonomía; una manera de no cerrar ninguna puerta evitando, a la vez, cualquier compromiso explícito con una u otra parte del conflicto.
Esta ambigüedad controlada sirve a los intereses de ambas capitales. Para Rabat, mantiene abierto un canal con un miembro permanente del Consejo de Seguridad cuyo apoyo, aunque sea parcial, cuenta en la ecuación diplomática. Para Moscú, preserva una relación económica y política útil con un país que sigue siendo un socio clave de la Unión Europea y de Estados Unidos, sin por ello renunciar a sus propios principios declarados sobre el derecho internacional.
Lo que esta relación revela sobre la estrategia rusa en el norte de África
La asociación marroquí-rusa se inscribe en un movimiento más amplio de reposicionamiento diplomático de Moscú en el continente africano, visible desde las cumbres Rusia-África de 2019 y 2023 y confirmado por la creación, en 2024, del Foro de Asociación Rusia-África. En este contexto, Marruecos ocupa un lugar particular: ni aliado militar de Moscú, ni país alineado con las posiciones rusas sobre Ucrania, sigue siendo no obstante uno de los pocos socios norteafricanos con los que Rusia mantiene un diálogo institucionalizado, regular y multisectorial.
Estos son los principales ejes que estructuran hoy esta relación bilateral:
- Comercio agrícola: aumento continuo de las exportaciones rusas de trigo hacia Marruecos, en paralelo al desarrollo de las exportaciones marroquíes de frutas y hortalizas hacia Rusia
- Energía e infraestructuras: discusiones en curso sobre energías renovables y conexiones logísticas entre ambos mercados
- Pesca: mantenimiento de acuerdos que permiten a los buques rusos faenar en las zonas de pesca atlánticas marroquíes
- Educación: varios miles de estudiantes marroquíes matriculados cada año en universidades rusas
- Diplomacia: encuentros regulares entre los jefes de diplomacia, en promedio una o dos veces al año desde 2022
No se trata de una asociación estratégica en el sentido en que la entienden Moscú y Pekín, ni de una alianza comparable a la que une a Marruecos con Estados Unidos o Francia. Es algo más pragmático: una relación construida ladrillo a ladrillo, sector por sector, que permite a cada parte obtener un beneficio tangible sin comprometerse en el terreno geopolítico más sensible.
Una diplomacia de la constancia antes que del brillo
Lo que más destaca, al observar esta secuencia de encuentros desde 2016, es menos la naturaleza del mensaje intercambiado —ambas cancillerías hablan, reunión tras reunión, de “fortalecimiento” y de “relaciones tradicionalmente amistosas”— que su repetición metódica. En un contexto internacional marcado por las rupturas bruscas y las recomposiciones de alianzas, la relación marroquí-rusa se distingue por su estabilidad, casi por su previsibilidad.
Queda por ver si esta regularidad diplomática se traducirá, en los próximos años, en una aceleración de la cooperación económica a la altura de las ambiciones anunciadas, o si continuará funcionando bajo la modalidad de un diálogo sostenido sin especial aceleración. La próxima sesión de la comisión intergubernamental mixta, así como la evolución del expediente saharaui en la ONU, probablemente aportarán las primeras señales de respuesta.
Preguntas frecuentes
¿Desde cuándo son Marruecos y Rusia socios estratégicos?
Desde marzo de 2016, fecha de la visita del rey Mohammed VI a Moscú y de la firma de la declaración sobre la profundización de la asociación estratégica.
¿Cuál es la posición de Rusia sobre el expediente del Sáhara?
Moscú aboga por una solución política negociada bajo los auspicios de la ONU, evitando por lo general decantarse explícitamente entre las posiciones marroquí y argelina, como ilustró su abstención en el Consejo de Seguridad en octubre de 2024.
¿Cuál es el principal sector de intercambios entre ambos países?
La agricultura, con exportaciones rusas de trigo en fuerte crecimiento hacia Marruecos y, a cambio, exportaciones marroquíes de frutas y hortalizas hacia el mercado ruso.
¿Dónde y cuándo se reunieron Lavrov y Bourita antes de Nueva York 2026?
Especialmente en Marrakech en diciembre de 2023, en Nueva York en septiembre de 2024, en Sochi en noviembre de 2024 y en Moscú en octubre de 2025.