Marruecos, que nunca ha operado un submarino, parece ahora dispuesto a dar el paso. No se ha anunciado ninguna decisión oficial, pero las señales se multiplican y dibujan una elección delicada entre Francia, Corea del Sur, Alemania y, más en segundo plano, Rusia.
Lo esencial
- Marruecos nunca ha operado un submarino y parece estudiar seriamente esta opción.
- Hasta la fecha no se ha publicado ningún pedido ni anuncio oficial.
- El Scorpène francés es compacto y discreto, adecuado para aguas estrechas como el estrecho de Gibraltar.
- El KSS-III surcoreano es más grande y puede lanzar misiles de crucero contra objetivos terrestres.
- La elección también es política: continuidad con Francia o diversificación hacia Corea del Sur.
Un proyecto antiguo que gana consistencia
La idea no es nueva. Desde hace varios años, la prensa especializada se hace eco del interés de Rabat por una capacidad submarina. En noviembre de 2024, el experto militar Abdelhamid Harifi todavía consideraba el proyecto prematuro, en declaraciones a Médias24. A su juicio, la prioridad debía ser renovar una flota de patrulla envejecida, y el Scorpène, aun siendo de gran calidad, le parecía complejo y costoso para las capacidades actuales de la Marina Real.
Desde entonces, el expediente ha cambiado de naturaleza. En abril de 2026, oficiales marroquíes participaron como observadores en el ejercicio turco Kurtaran-2026, dedicado al rescate de submarinistas en peligro. Según Hespress, que recoge proyecciones coreanas publicadas por el medio español Defensa.com, el Reino figura como posible comprador de tres submarinos y dos patrulleros, sin anuncio oficial por el momento.
Este detalle importa más de lo que parece. Un submarino no se compra como una fragata: hay que formar tripulaciones, construir una doctrina de apoyo, acondicionar una base y dominar los procedimientos de seguridad y rescate. Interesarse por este último aspecto suele indicar que la reflexión ya está avanzada.
Por qué Rabat lo plantea ahora
El contexto regional pesa mucho. Según los medios que siguen el asunto, Argelia dispone de una flota de seis submarinos rusos de la clase Kilo, algunos capaces de lanzar misiles de crucero Kalibr contra objetivos terrestres. España también opera submarinos. En este panorama, Marruecos sigue sin equivalente bajo la superficie.
La geografía también cuenta. El Reino controla la orilla sur del estrecho de Gibraltar, uno de los pasos marítimos más transitados del mundo, y da al Atlántico por una larga fachada. Nizar Derdabi, experto en defensa citado por Jeune Afrique, estima que harían falta al menos tres unidades para garantizar una presencia permanente en el mar, ya que una parte de la flota siempre está en mantenimiento o en tránsito. Esa cifra, tres, se repite en la mayoría de las proyecciones.
El Scorpène, o la opción de la continuidad
Diseñado por la francesa Naval Group, el Scorpène es uno de los submarinos convencionales más vendidos en el mercado de exportación. Mide unos 67 metros y ha sido elegido por varias marinas de tamaño medio, con variantes equipadas con baterías de iones de litio o con un sistema de propulsión independiente del aire, que prolonga el tiempo en inmersión.
Su principal ventaja es el tamaño. Más compacto, se adapta a las aguas estrechas y a las misiones de vigilancia discretas, lo que encaja bien con la geografía del estrecho. Suele compararse con un bisturí, imagen elocuente para describir una herramienta de precisión más que de proyección a larga distancia.
La opción francesa tiene también una dimensión política. Marruecos ya adquirió a Naval Group la fragata multimisión Mohammed VI, comprada en 2017 por unos 470 millones de euros según la prensa especializada. Renovar esta relación permitiría apoyarse en un socio conocido, en hábitos de trabajo probados y en un respaldo industrial ya familiar.
El KSS-III, o la apuesta por la potencia
Enfrente, el surcoreano KSS-III, construido por Hanwha Ocean, juega en otra categoría. Según las cifras difundidas por Bladi.net, desplaza unas 3.705 toneladas, bastante más que el Scorpène. Hanwha lo presenta como un submarino oceánico con baterías de iones de litio y propulsión independiente del aire, dotado de celdas de lanzamiento vertical.
Esta arquitectura le permite disparar misiles de crucero contra objetivos terrestres, lo que amplía su papel mucho más allá de la guerra antibuque. Para un país que quisiera proyectar su poder lejos de sus costas, es un argumento de peso. Su versión más avanzada puede además llevar misiles balísticos de corto alcance, una capacidad sensible cuya exportación está estrictamente controlada. Si Marruecos optara por esta vía, haría falta una variante de prestaciones reducidas. La información difundida menciona un límite de alcance de 300 km, que corresponde al umbral fijado por el Régimen de Control de Tecnología de Misiles, aunque no hemos podido confirmar esta cifra para este caso concreto.
Varias informaciones apuntan a un interés real. Según una publicación de Hanwha Ocean, una delegación de alto nivel de la Marina Real, incluido su jefe de estado mayor, fue recibida por el fabricante. El diario español La Razón afirmó el 17 de julio que Hanwha pretendía vender dos KSS-III Batch-II a Marruecos. Un informe del banco de inversión Mirae Asset Securities, recogido por Médias24, anticipa por su parte la venta de tres KSS-III Batch-I de cara a 2027, con un precio unitario estimado en 900 millones de dólares. Estas estimaciones no constituyen compromisos contractuales y sirven sobre todo para identificar vías de crecimiento para los astilleros surcoreanos.
Por último, Hespress señala que el KSS-III se promociona por sus plazos de producción más cortos y por unos costes considerados más competitivos frente a las ofertas europeas, argumento que el fabricante tendrá que respaldar con compromisos contractuales.
Los otros candidatos
El expediente no se reduce a un duelo. El grupo alemán TKMS ha confirmado su interés por el mercado marroquí, sin precisar qué modelo ofrecería entre los tipos 214, 218 y 212CD, según Médias24. Rusia ha propuesto en varias ocasiones su Amur 1650, opción que choca con el riesgo de sanciones secundarias para un país cercano a Occidente. También se han mencionado unidades de segunda mano, griegas o portuguesas, más baratas pero tecnológicamente anticuadas.
Estos son los criterios que deberían pesar en la decisión, tal como los describen los analistas:
- el coste de adquisición y de mantenimiento en condiciones operativas durante varias décadas;
- los plazos de entrega, dado que la amenaza regional ya está presente;
- la capacidad de ataque a tierra, ausente en algunas configuraciones del Scorpène;
- las transferencias de tecnología y la parte de producción o mantenimiento realizada en Marruecos;
- el apoyo político e industrial del proveedor a largo plazo.
Un arbitraje técnico y geopolítico
Esta elección va mucho más allá de la ficha técnica. Volverse hacia Francia supone consolidar una asociación histórica, probada y basada en la confianza. Volverse hacia Corea del Sur supone diversificar proveedores y abrirse a una potencia tecnológica en ascenso, lo que es coherente con el interés ya manifestado por el carro de combate K2 Black Panther y el sistema de defensa aérea Cheongung-II, según La Razón. En ambos casos, el mensaje enviado es el de una voluntad de autonomía estratégica.
No faltan las voces prudentes. Absorber tres submarinos para una marina sin experiencia en la materia representa un desafío estructural, y los especialistas advierten de que un programa así se construye a lo largo de diez a quince años. Un calendario de entrega fijado en 2027, adelantado por el informe coreano, les parece muy optimista a muchos de ellos. En sentido contrario, los partidarios de una adquisición rápida recuerdan que las brechas de capacidad se amplían a medida que los vecinos refuerzan sus flotas.
Queda también la cuestión del vecino español. La llegada de submarinos marroquíes al estrecho obligaría a Madrid a revisar su vigilancia naval. Plantearía además la cuestión del equilibrio en el Mediterráneo occidental, donde cada nueva capacidad es leída por las capitales vecinas como una señal política tanto como militar.
Qué hay que vigilar
No se ha anunciado ningún pedido en firme. Varias etapas permitirán medir el avance del expediente: la posible apertura de una licitación, la elección de una base de acogida, el lanzamiento de un programa de formación de tripulaciones y el anuncio de un calendario presupuestario. A falta de estos hitos, las cifras que circulan en la prensa deben leerse como hipótesis de mercado más que como decisiones.
Gane quien gane, Marruecos se dispone a entrar en un club restringido de marinas submarinas en África. Falta saber si privilegiará la discreción del bisturí o la potencia del martillo y, sobre todo, si sabrá construir en torno a esta elección el ecosistema que lo haga realmente operativo.
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Preguntas frecuentes
¿Ha encargado ya Marruecos un submarino?
No. Hasta la fecha no se ha publicado ningún pedido ni anuncio oficial. La información disponible se basa en proyecciones de mercado y en artículos de prensa.
¿Cuál es la diferencia entre el Scorpène y el KSS-III?
El Scorpène es más compacto y está diseñado para el sigilo en zonas restringidas. El KSS-III es bastante más grande y puede llevar misiles de crucero para atacar objetivos terrestres.
¿Por qué se interesa Marruecos por los submarinos ahora?
Los analistas citan la modernización de la Marina Real, la vigilancia del estrecho de Gibraltar y la voluntad de reducir la distancia con Argelia, que posee seis submarinos de la clase Kilo.
¿Cuánto costaría un programa así?
Un informe del banco de inversión Mirae Asset Securities sitúa el precio unitario de un KSS-III en unos 900 millones de dólares. Se trata de una estimación, no de un precio negociado.