También plantea una pregunta más incómoda: si la OTAN es la más fuerte, ¿por qué las capitales europeas hablan tanto de sabotajes, drones y amenazas nucleares? He querido separar lo que corresponde a las cifras, a la doctrina y a la especulación.
Lo que dice el comandante supremo de la OTAN
El 12 de octubre, en el Foro de Seguridad de Varsovia, el general estadounidense Alexus Grynkewich advirtió de que la OTAN destruiría «todo» lo que participara en un ataque contra su territorio. La Alianza es defensiva, recordó, pero bloquearía, desgastaría y rompería cualquier ofensiva, con ataques que, si fuera necesario, llegarían mucho más allá de la zona atacada. Según el Wall Street Journal, recogido por Meduza, su «teoría de la victoria» prevé una amplia zona autónoma en el flanco oriental, donde drones y robots terrestres frenarían un avance ruso sin grandes pérdidas humanas.
Con todo, no predice una guerra inminente. No considera el conflicto entre Rusia y la OTAN ni inminente ni inevitable. A principios de año, en Berlín, estimaba que Moscú no busca el enfrentamiento directo, porque la Alianza dispone de ventajas asimétricas difíciles de igualar. Ahí entra en juego la disuasión: la Alianza no se prepara para combatir, sino para que Moscú no obtenga nada de un ataque.
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Cifras que favorecen a la Alianza
Sobre el papel, la diferencia es considerable. La lista siguiente recoge los datos más recientes que he podido contrastar:
- Gasto ruso: el IISS lo sitúa en 186.000 millones de dólares en 2025, el 7,3 % del PIB, frente al 6,7 % un año antes.
- Estimación del BND alemán para 2026: unos 210.000 millones de euros para Rusia, frente a unos 570.000 millones para los miembros europeos de la OTAN.
- Esfuerzo europeo: el secretario general Mark Rutte afirma que Europa y Canadá alcanzaron el 4 % del PIB en 2026 sumando el gasto en defensa y el gasto conexo.
- Objetivo de la Alianza: el 3,5 % del PIB para defensa en sentido estricto y el 1,5 % para proyectos relacionados, de aquí a 2035.
- Ucrania: los aliados han prometido 70.000 millones de euros en equipamiento, ayuda y formación en 2026, y al menos otro tanto en 2027.
Estas cifras no comparten la misma base metodológica. El 4 % de Rutte incluye gastos que no son estrictamente militares, y las estimaciones sobre Rusia proceden de fuentes occidentales. El orden de magnitud sigue siendo claro: en PIB y presupuestos acumulados, la Alianza domina, y eso sin contar a Estados Unidos en el caso del BND.
Lo que las cifras no dicen
Un presupuesto no es un ejército ni una victoria. Varias debilidades europeas se repiten en los análisis:
- La coordinación política. El investigador Ruben Stewart (IISS) considera que, solo en términos numéricos, Europa tiene medios para hacer frente a Moscú, pero que su principal vulnerabilidad es política.
- Los efectivos. En una entrevista con Bloomberg, el propio Grynkewich señaló la escasez de combatientes, a menudo con formación insuficiente y mal pagados.
- La desigualdad del esfuerzo. Solo Polonia, Letonia y Lituania habían alcanzado el objetivo del 3,5 % en 2025. Otros aliados están todavía lejos.
- La adaptación rusa. El IISS observa pocas señales de debilitamiento de Rusia en el quinto año del conflicto, y su industria se ha reorientado hacia la producción en masa.
Añado una reserva de método. Las comparaciones de carros de combate, aviones o proyectiles envejecen rápido y se prestan mal a una suma entre países con doctrinas distintas. Un ejército ruso curtido, que produce de forma continua, no equivale a un arsenal europeo todavía en reconstitución.
Superioridad convencional, una guerra menos probable o más peligrosa
La respuesta honesta es: ambas cosas, según el horizonte. Un equilibrio de fuerzas desfavorable disuade normalmente al agresor. Recordemos lo que dice el propio Grynkewich: Moscú sabe que un ataque clásico contra los países bálticos acabaría en fracaso, por lo que probablemente no lo intentará.
Pero esa misma lógica empuja al más débil a cambiar de terreno. Los responsables de la Alianza temen sobre todo una escalada de la guerra híbrida o pequeños intentos de mordisqueo territorial en el flanco este, más que una invasión total. Sabotajes, incursiones de drones, ciberataques: los gobiernos europeos acusan a Moscú de haber intensificado estas acciones, algo que Moscú niega. Esa zona gris es precisamente donde la superioridad en carros de combate no sirve de nada, porque no hay un enemigo uniformado que destruir ni una respuesta evidente a la luz del artículo 5.
Hay un segundo peligro, más insidioso. Cuanto más exhibe la Alianza su capacidad de golpear en profundidad, como sugiere Grynkewich, más puede leer Moscú en ello una amenaza para su territorio. El refuerzo defensivo de un bando lo percibe el otro como una amenaza: los especialistas lo llaman dilema de seguridad.
Lo nuclear, el punto ciego de la comparación
Aquí es donde la superioridad convencional pierde buena parte de su alcance. Según el SIPRI, Rusia disponía en enero de 2026 de 5.420 cabezas nucleares en total, de las cuales 1.796 desplegadas, su nivel más alto desde 2017. Estados Unidos cuenta con unas 1.770 desplegadas, Francia con 280 y el Reino Unido con 120. En términos estrictamente numéricos, el bando occidental no queda, pues, rezagado. La dificultad está en otra parte.
Por un lado, el tratado New START expiró en febrero de 2026, lo que reduce la transparencia y los mecanismos de control. Por otro, la doctrina rusa se amplió en noviembre de 2024 para extender los supuestos en los que se contemplaría el uso del arma nuclear. Por último, en septiembre, la embajada de Rusia en Irlanda afirmó que la OTAN preparaba un bloqueo de Kaliningrado, y añadió que Moscú recurriría entonces a todas las armas, incluidas las nucleares. Reuters dice haber visto un documento ruso dirigido a la OTAN con la misma advertencia.
Decir que un conflicto directo derivaría en nuclear «en cuestión de horas» es, en cambio, especulación. Ningún precedente permite demostrarlo, y varios expertos consideran que ambos bandos tendrían interés en controlar la escalada. El riesgo no se puede medir: pesa sobre cada decisión, y eso es lo que hace que la superioridad convencional resulte menos tranquilizadora de lo que parece.
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Qué papel para China
Pekín no es un beligerante, pero la Alianza lo considera un apoyo de primer orden del esfuerzo de guerra ruso. En la cumbre de Washington de 2024, los países miembros pidieron a China que cesara todo apoyo material y político a Moscú, en su condena más firme hasta la fecha. China respondió que nunca ha suministrado armas letales a ninguno de los dos bandos. El embajador estadounidense ante la OTAN, Matthew Whitaker, estima que la guerra es posible gracias a China, que podría ponerle fin con una llamada telefónica. En julio, Francia, los Países Bajos, Polonia y Alemania presentaron además a los ministros de Asuntos Exteriores de la UE una nota sobre el apoyo decisivo de Pekín a la guerra de agresión rusa.
En caso de conflicto directo entre la OTAN y Rusia, veo tres papeles posibles para China, que pertenecen al análisis y no a hechos establecidos:
- Proveedor discreto. Componentes electrónicos, piezas para drones, máquinas herramienta: este apoyo ya existe y continuaría, con una presión creciente en materia de sanciones.
- Salvavidas económico. Las compras chinas de petróleo ruso siguen siendo un pulmón financiero, como recuerdan los datos de seguimiento marítimo citados por Bloomberg.
- Desvío estratégico. Un frente abierto en Europa reduciría la atención y los medios estadounidenses en el Pacífico, lo que serviría a los intereses de Pekín sin implicación directa.
Una entrada abierta de China en la guerra junto a Moscú me parece poco probable: expondría su comercio con Europa y Estados Unidos. Pero no puedo descartarla, y ninguna fuente permite zanjar la cuestión.
Y el Mediterráneo
La cuenca mediterránea es un teatro secundario, pero no anodino. Es la vía de acceso de la flota rusa desde el mar Negro, un espacio de influencia china a través del puerto del Pireo, controlado por COSCO, y una zona donde se cruzan las rutas energéticas y migratorias. No he verificado el estado actual de los dispositivos navales rusos en el Mediterráneo: este punto merece una ampliación antes de publicar.
Una conclusión abierta
Sí, la OTAN es más fuerte que Rusia en la mayoría de los indicadores convencionales medibles, siempre que actúe como una sola alianza. Esa es la condición que sigue siendo incierta. La verdadera cuestión no es la de la fuerza, sino la de la credibilidad: ¿cree el Kremlin que los aliados reaccionarían, juntos y rápido, ante un mordisqueo ambiguo? Y, en el lado occidental, ¿se acepta asumir el riesgo nuclear que implica esa respuesta? Mientras esos dos puntos sigan sin una respuesta clara, la superioridad en cifras no basta para garantizar la paz.
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Preguntas frecuentes
¿Ganaría la OTAN una guerra convencional contra Rusia?
El equilibrio de fuerzas y los presupuestos favorecen a la Alianza, y su comandante supremo lo dice públicamente. Pero nadie puede predecir el desenlace de un conflicto, que dependería de la cohesión política, la logística y los efectivos.
¿Puede Rusia utilizar armas nucleares contra la OTAN?
Moscú ha multiplicado las advertencias, en particular sobre Kaliningrado, y dispone de 1.796 cabezas desplegadas según el SIPRI. Su uso sigue siendo una hipótesis cuya probabilidad es imposible de cuantificar.
¿Intervendría China militarmente?
Nada lo indica por ahora. Pekín niega suministrar armas letales, pero la Alianza lo acusa de alimentar la industria de defensa rusa.
¿En qué punto está el esfuerzo de defensa europeo?
Rutte anuncia el 4 % del PIB en 2026 para Europa y Canadá, con un objetivo del 5 % en 2035. Los esfuerzos siguen siendo muy desiguales según los países.