La carga pasó discretamente: unas 40.000 toneladas de diésel con muy bajo contenido de azufre, embarcadas el 13 de octubre en Primorsk, en el mar Báltico. El grupo británico de servicios y datos financieros London Stock Exchange Group (LSEG) la registró el 14 de octubre. Su importancia reside sobre todo en lo que anuncia, ya que el destino declarado del buque es Marruecos y figura entre los primeros cargamentos señalados desde la reanudación de las exportaciones rusas de diésel desde este puerto.
Hemos querido entender qué dice este movimiento sobre el estado del mercado mundial del diésel, sobre la diplomacia energética entre Moscú y Washington, y sobre la posición de un país que depende en gran medida de las importaciones de productos refinados.
Lo que se sabe y lo que se ignora
Los datos disponibles de seguimiento marítimo establecen el destino declarado del buque. No dicen nada sobre la identidad del comprador, el puerto de descarga ni el valor comercial del cargamento. Estas zonas de sombra son habituales en el comercio petrolero, donde el destino declarado al embarcar puede cambiar durante la travesía, por lo que nos atenemos a lo que está establecido.
El envío se inscribe en una secuencia rápida de acontecimientos:
- 9 de octubre: la Oficina de Control de Activos Extranjeros de Estados Unidos (OFAC, servicio del Departamento del Tesoro encargado de aplicar las sanciones económicas) publica una licencia general. Esta autoriza determinadas transacciones relativas a la venta, la entrega, la descarga y la importación de diésel de origen ruso.
- 9 de octubre: el presidente estadounidense, Donald Trump, anuncia un acuerdo que prevé el suministro inmediato de más de 300.000 toneladas de diésel ruso a los mercados estadounidense e internacional.
- 10 de octubre: entra en vigor el levantamiento parcial de las restricciones rusas a la exportación de diésel.
- 12 de octubre: el viceprimer ministro ruso, Alexandr Nóvak, afirma que Moscú dispone de los medios necesarios para recuperar sus volúmenes habituales.
- 13 de octubre: se cargan unas 40.000 toneladas en Primorsk con destino a Marruecos.
Una licencia que no borra las sanciones
Conviene leer la decisión estadounidense con precisión. La licencia general de la OFAC cubre operaciones determinadas, las que están sujetas a las sanciones estadounidenses y afectan al diésel de origen ruso. No constituye una exención general. El régimen de sanciones sigue vigente, con sus demás vertientes, y los actores del comercio, empezando por los comerciantes, los bancos, las aseguradoras y los navieros, deben comprobar caso por caso que cada transacción entra en el perímetro autorizado.
Este matiz importa para un país como Marruecos. Los operadores que importan combustibles dependen de circuitos financieros y de seguros internacionales, a menudo expuestos a la normativa estadounidense, incluso cuando la transacción no pasa directamente por Estados Unidos. Una licencia clara reduce el riesgo jurídico, pero no lo elimina.
Por qué Rusia había cerrado el grifo
Para comprender lo que está en juego, hay que remontarse al origen de la escasez. Rusia había limitado sus ventas exteriores de diésel para preservar el abastecimiento de su mercado interno, tras las perturbaciones sufridas por varias refinerías a raíz de los ataques ucranianos. Las autoridades rusas prorrogaron en varias ocasiones estas restricciones, aunque mantuvieron ciertas entregas en el marco de acuerdos intergubernamentales.
Antes de estas medidas, el país exportaba habitualmente más de tres millones de toneladas de diésel al mes. Sus envíos disminuyeron después de forma acusada, por las dificultades de sus refinerías y por la prioridad concedida al mercado nacional. Las ventas no se habían interrumpido del todo: según los datos del sector recopilados por Reuters, las entregas a Asia Central alcanzaron las 427.000 toneladas en septiembre, al amparo de las excepciones mantenidas por Moscú.
La reanudación de las cargas en Primorsk refleja, por tanto, una flexibilización, no un regreso a la normalidad. Varias disposiciones siguen en vigor.
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Las promesas de Moscú y Washington
Ambas capitales avanzan cifras que atribuimos a sus autores, porque por ahora constituyen compromisos o previsiones.
Por parte estadounidense, Donald Trump mencionó, además de las 300.000 toneladas iniciales, otras 500.000 toneladas en noviembre y, después, un millón de toneladas en una etapa posterior. Estas cantidades corresponden a los compromisos anunciados por Washington. Su envío no ha sido plenamente constatado y nada permite afirmar, por ahora, que se entregarán en su totalidad ni a qué ritmo.
Por parte rusa, Alexandr Nóvak declaró en la cadena pública Rossiya-24 que «de aquí a finales de año, las exportaciones podrían alcanzar entre tres y 3,5 millones de toneladas al mes, recuperando sus niveles anteriores a la crisis». Se trata de una previsión de las autoridades rusas. Su cumplimiento depende de varios factores, en primer lugar de la capacidad de refinado, todavía debilitada, y de las condiciones de expedición.
El responsable ruso atribuyó además a esta perspectiva una bajada de las cotizaciones internacionales del diésel de entre el 5 % y el 6 %. Mantenemos la cautela sobre este vínculo causal: el precio de un producto refinado depende de numerosos factores, desde las existencias y los márgenes de refino hasta la demanda estacional y las tensiones geopolíticas. Esta evolución no puede atribuirse únicamente a la reanudación de las exportaciones rusas.
Qué cambia para Marruecos
Marruecos carece de capacidad de refino nacional significativa desde el cierre de la refinería de la Samir en Mohammedia, en 2015. El país importa la mayor parte de sus productos petrolíferos refinados, entre ellos el diésel, que alimenta el transporte por carretera, la agricultura, la construcción y una parte de la producción de electricidad. Los precios de los carburantes están liberalizados desde finales de 2015, lo que los hace sensibles a las cotizaciones internacionales y a los costes de aprovisionamiento.
En este contexto, un nuevo proveedor, o el regreso de un proveedor antiguo, amplía la gama de fuentes de suministro. Los operadores tienen más margen de elección, lo que puede reforzar su capacidad de negociación y, con el tiempo, contribuir a moderar los costes. La diversificación tiene además un valor estratégico: un país que importa casi todo lo que consume tiene interés en no depender de un número reducido de procedencias.
Sería, no obstante, prematuro concluir que habrá un efecto sobre los precios en el surtidor. Un cargamento de 40.000 toneladas sigue siendo modesto a escala de un mercado nacional, y su efecto dependería de su precio real, de su comprador y de su integración en las existencias. El diésel se negocia en mercados donde las diferencias de precio entre orígenes son a veces estrechas.
Un delicado equilibrio geopolítico
El asunto tiene una evidente dimensión diplomática. Para la administración estadounidense, el acuerdo pretende ante todo aumentar la oferta mundial de diésel y atenuar la subida de los precios de los carburantes. Muestra también que el régimen de sanciones puede ajustarse cuando prevalecen consideraciones económicas, un precedente que los analistas seguirán de cerca.
Las lecturas divergen. Para los partidarios del acuerdo, responde a una escasez real y alivia a los consumidores, incluso en países importadores poco responsables del conflicto. Para sus detractores, ofrece a Moscú ingresos adicionales mientras continúa la guerra en Ucrania y debilita la coherencia de la política de sanciones. Ambos argumentos se defienden y ninguno se impone de forma evidente.
Para Marruecos, la posición es la de un comprador atento a su interés económico, dentro del respeto de las normas que se aplican a sus transacciones. Que sepamos, las autoridades no han comentado este cargamento, y no les atribuimos ninguna intención.
Los puntos que vigilar
Varios elementos permitirán evaluar el alcance real de esta reanudación:
- el puerto de descarga efectivo y la identidad del comprador del buque que se dirige a Marruecos;
- el ritmo de las cargas en Primorsk en las próximas semanas;
- la concreción de las 500.000 toneladas anunciadas para noviembre;
- el estado de las refinerías rusas y los posibles nuevos ataques;
- la evolución de las cotizaciones internacionales del diésel y su eventual repercusión en los precios interiores.
Una conclusión abierta
Este cargamento de 40.000 toneladas es un indicio más que una tendencia. Atestigua que las exportaciones rusas de diésel se reanudan desde el Báltico y que Marruecos figura entre los destinos previstos. Todavía no dice si los volúmenes anunciados por Moscú y Washington se materializarán, ni qué precio acabará pagando el consumidor marroquí. Las próximas semanas dirán si este primer buque abre una corriente duradera o queda como un episodio aislado.
FAQ
¿Quién registró la carga del petrolero?
El grupo británico London Stock Exchange Group (LSEG) registró, el 14 de octubre, la carga efectuada el día anterior en Primorsk. Se basa en los datos disponibles de seguimiento marítimo.
¿Puede Rusia vender ahora libremente su diésel?
No. La licencia general de la OFAC autoriza determinadas transacciones concretas, pero no constituye una exención general de las sanciones estadounidenses. Varias restricciones rusas siguen además en vigor.
¿Bajará el diésel en Marruecos?
Nada permite afirmarlo por ahora. El efecto de un cargamento de 40.000 toneladas sobre los precios en el surtidor depende de su coste real, de su comprador y de la evolución de las cotizaciones internacionales.
¿Qué volúmenes anuncian Moscú y Washington?
Washington menciona más de 300.000 toneladas de inmediato, otras 500.000 en noviembre y un millón más adelante. Moscú contempla entre 3 y 3,5 millones de toneladas al mes de aquí a finales de año. Estas cifras son anuncios y previsiones.