Se esperan más de 10.000 participantes y cerca de 300 stands en el Parque de Exposiciones de Abiyán, bajo el lema “El espacio africano en acción: estructurar, decidir, desplegar para el desarrollo socioeconómico sostenible del continente”.
Me interesa este evento porque condensa, en apenas tres días, todas las tensiones que atraviesan hoy la política espacial africana: el paso de una ambición retórica a una industria real, la pregunta de quién capta el valor de un mercado en expansión, y la manera en que las potencias continentales —Marruecos a la cabeza— buscan convertir el conocimiento técnico en influencia diplomática.
Tres países de honor, una lectura geopolítica que no conviene simplificar
Contrariamente a una lectura apresurada que haría de Marruecos el único país invitado de honor en esta edición, los organizadores distinguieron a tres países: Angola, Estados Unidos y Marruecos. La presencia estadounidense, representada por una delegación de la Misión de Estados Unidos ante la Unión Africana junto con los departamentos de Comercio y de Estado, responde a una lógica comercial abiertamente asumida: Washington busca de forma explícita abrir mercado a sus empresas espaciales en un continente que considera prometedor. Sumar a esta lista a Angola, actor emergente en el sector satelital del sur del continente, y a Marruecos, decano de la formación espacial francófona, dibuja una geografía deliberadamente plural: anglófona, lusófona y francófona se encuentran en una misma mesa.
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Esta pluralidad no es cosmética. Refleja la voluntad de la AfSA —con sede en El Cairo desde su inauguración en enero de 2023— de no dejar que el relato espacial africano se reduzca a un duopolio norteafricano o anglófono, y de asociar a los distintos bloques lingüísticos en la construcción de un mercado continental.
Marruecos, un actor con más de veinticinco años de trayectoria
Aquí es donde la distinción marroquí cobra todo su sentido. Rabat no llega a esta mesa con las manos vacías. Desde finales de octubre de 1998, el Reino alberga el Centro Regional Africano de Ciencia y Tecnología Espacial en Lengua Francesa (CRASTE-LF), afiliado a las Naciones Unidas e instalado en la Escuela Mohammadia de Ingenieros. Este centro —homólogo francófono del centro anglófono creado ese mismo año en Nigeria— lleva más de dos décadas formando a cuadros técnicos de toda el África francófona en teledetección, sistemas de información geográfica, meteorología satelital, comunicaciones por satélite y sistemas de navegación global. Más de 500 especialistas africanos han pasado por sus programas, incluido un máster en ciencia y tecnología espacial actualmente acreditado junto con la Universidad Mohammed V de Rabat.
Esta ventaja institucional se ha visto reforzada, desde 2013, por una capacidad operativa propia. El programa espacial marroquí, impulsado bajo mandato real y confiado al consorcio franco-italiano Thales Alenia Space y Airbus, dio lugar al satélite de observación Mohammed VI-A, lanzado en noviembre de 2017, seguido un año después por el Mohammed VI-B. Operados desde Marruecos, ambos satélites de observación terrestre, situados en órbita heliosíncrona a unos 700 kilómetros de altitud, sirven a usos civiles declarados —cartografía, catastro, ordenación del territorio, seguimiento agrícola, prevención de catástrofes naturales— aunque, según varias fuentes especializadas, también respaldan la vigilancia fronteriza del Reino. Este doble uso es habitual en la observación espacial en general, no exclusivo de Marruecos, pero ilustra cómo las capacidades satelitales sirven simultáneamente a objetivos de desarrollo y a intereses de soberanía.
El Reino ha ampliado desde entonces sus alianzas, en particular con los Emiratos Árabes Unidos y, más recientemente en 2024, con Israel Aerospace Industries para capacidades radar complementarias a su observación óptica. Esta diversificación se inscribe en una estrategia declarada centrada en la autonomía tecnológica, la formación, las infraestructuras de datos y una cooperación internacional equilibrada.
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Un mercado continental aún modesto, pero en aceleración
Queda la pregunta central: ¿cuánto vale realmente hoy la economía espacial africana, y qué cabe esperar de aquí a 2030? Las cifras que circulan divergen, y conviene señalarlo en lugar de zanjarlo artificialmente. La propia Agencia Espacial Africana estima el sector en 22.000 millones de dólares para 2026, con una proyección de 35.000 millones de dólares para 2030 —cifra repetida en la NewSpace Africa Conference celebrada en Libreville en abril de 2026—. La consultora Space in Africa, por su parte, valoraba la industria en unos 19.500 millones de dólares en 2021, con una trayectoria hacia 22.600 millones en 2026. Otras estimaciones, citadas de forma puntual, mencionan una cifra cercana a los 40.000 millones de dólares para 2030; ese dato merece tratarse con cautela mientras no pueda rastrearse hasta una fuente institucional claramente identificada. Por eso, tomo como referencia más sólida la horquilla de 22.000 a 35.000 millones de dólares fijada por la AfSA.
Algunas referencias permiten medir el camino recorrido y el que queda por delante:
- 1998: creación simultánea de los dos centros regionales de formación espacial de la ONU, el CRASTE-LF francófono en Marruecos y el ARCSSTE-E anglófono en Nigeria
- 17 Estados africanos ya han lanzado un total de 56 satélites, según el informe 2023 de Space in Africa
- Enero de 2023: inauguración de la Agencia Espacial Africana (AfSA), con sede en El Cairo
- 22.000 a 35.000 millones de dólares: horquilla mínima y proyección a 2030 del valor del sector espacial africano, según la AfSA
- Menos del 5%: la actual cuota de África en una economía espacial mundial valorada en unos 546.000 millones de dólares
Esa cuota residual en el mercado mundial es precisamente lo que el ASPEX busca corregir. La apuesta ya no es solo científica o educativa; se vuelve industrial. Observación terrestre para la agricultura de precisión y la gestión del agua, conectividad rural mediante constelaciones satelitales, seguridad aérea —la Agencia para la Seguridad de la Navegación Aérea en África y Madagascar (ASECNA) ofrece ya un ejemplo operativo de larga data— y gestión de catástrofes: las aplicaciones concretas existen, pero su monetización sigue siendo incipiente, concentrada en un puñado de países con satélites operativos.
Una diplomacia Sur-Sur que aún busca sus relevos
Aquí es donde la dimensión “Sur-Sur” asociada a este evento cobra todo su relieve. Al situar a Marruecos junto a Angola en el centro de atención, la Unión Africana pone en valor una cooperación intraafricana construida durante más de un cuarto de siglo de formación compartida, en lugar de una dependencia exclusiva de las potencias espaciales establecidas. El acuerdo firmado entre el CRASTE-LF y la agencia espacial senegalesa en 2024, o los convenios bilaterales de teledetección que Rabat ha suscrito con varios países africanos, ilustran esta transferencia horizontal de conocimiento.
Aun así, sería ingenuo leer esta dinámica en clave puramente continental. La marcada presencia estadounidense en esta misma edición, con una delegación gubernamental de alto nivel, recuerda que el espacio africano sigue siendo también un terreno de competencia de influencia para potencias externas, entre Washington, París, Pekín y Abu Dabi, cada una buscando posicionar a sus industrias en un mercado todavía en construcción.
Qué cabe esperar de aquí a 2030
El Africa Space Expo por sí solo no producirá las infraestructuras ni la financiación que aún faltan al ecosistema espacial africano. Pero sí formaliza un impulso real: estructuración institucional a través de la AfSA, multiplicación de agencias nacionales —Costa de Marfil creó la suya en junio de 2025— y diversificación de alianzas. La prueba de los próximos años será menos tecnológica que financiera: la capacidad del continente para convertir proyecciones de 22.000 a 35.000 millones de dólares en inversión efectiva, en lugar de dejarlas como simples cifras de informes de conferencias.
Preguntas frecuentes
¿Desde cuándo forma Marruecos a cuadros africanos en ciencia espacial?
Desde octubre de 1998, a través del CRASTE-LF, centro afiliado a la ONU con sede en Rabat, que ha formado a más de 500 especialistas del África francófona.
¿Qué satélites posee actualmente Marruecos?
Dos satélites de observación terrestre, Mohammed VI-A (2017) y Mohammed VI-B (2018), construidos por Thales Alenia Space y Airbus y operados desde Marruecos.
¿Cuánto valdrá la economía espacial africana en 2030?
Según la Agencia Espacial Africana, entre 22.000 millones de dólares en 2026 y 35.000 millones en 2030; algunas estimaciones citan 40.000 millones, sin fuente institucional confirmada.
¿Qué países son homenajeados en el ASPEX 2026?
Tres: Angola, Estados Unidos y Marruecos, junto a la Unión Africana y la Agencia Espacial Africana, organizadoras del evento.