Lo decimos con la franqueza de una redacción que asume un punto de vista: Europa sigue siendo un socio imprescindible, pero la forma en que trata a Rabat justifica que el Reino deje de poner todos los huevos en la misma cesta. Los hechos recientes lo ilustran bastante bien.
Un socio principal, pero un socio que impone condiciones
Conviene recordar primero el peso de Europa. Según el informe «African Trade Heatmaps 2026» de Afreximbank, basado en datos de 2025, los intercambios de Marruecos alcanzan unos 33.000 millones de dólares con Francia y 30.000 millones con España, frente a cerca de 16.000 millones con China. España y Francia figuran además entre los primeros socios comerciales del Reino según las estadísticas marroquíes de 2024. Nadie en Rabat piensa en dar la espalda a este mercado.
El problema radica en la naturaleza de la relación. Desde hace años, Marruecos negocia con un socio que vincula sus acuerdos comerciales a cuestiones políticas y que no habla con una sola voz. El 4 de octubre de 2024, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea anuló definitivamente los acuerdos agrícola y de pesca, alegando que no se había obtenido el consentimiento del supuesto «pueblo del Sáhara Occidental». Rabat denunció un «sesgo político flagrante». Vemos en ello, sobre todo, el síntoma de un marco jurídico y político europeo en el que el expediente del Sáhara marroquí sirve unas veces de agravio y otras de moneda de cambio.
Los procedimientos se alargaron después. El Consejo de la UE no autorizó la apertura de negociaciones para un nuevo acuerdo de pesca hasta el 20 de enero de 2026, cuando el protocolo anterior había expirado en 2023. Mientras tanto, ONG y parlamentarios europeos advertían de que cualquier nuevo acuerdo que incluyera el Sáhara sería «jurídicamente frágil». Para los exportadores y los pescadores, esta incertidumbre tiene un coste concreto. Los operadores económicos marroquíes cargan con las consecuencias, no las instituciones que la prolongan.
Presiones disfrazadas de principios
Se puede defender el derecho europeo. Los jueces de Luxemburgo aplican normas que consideran vinculantes, y organizaciones como Human Rights Watch sostienen que la autodeterminación de los saharauis debe seguir siendo central (aunque todos los países del mundo saben que Argelia está detrás de todo esto). Ese punto de vista existe y merece ser expuesto. Pero la acumulación de episodios alimenta en Rabat la sensación de una presión política envuelta en consideraciones morales:
- Los visados como palanca. En 2021, Francia anunció una reducción a la mitad de los visados concedidos a los marroquíes, oficialmente para obtener más cooperación en materia de salvoconductos consulares. La medida se levantó a finales de 2022.
- La crisis de Ceuta y el episodio español. En 2021, la crisis diplomática con Madrid, desencadenada por la acogida médica del líder del Polisario, demostró que el expediente podía ser instrumentalizado. España terminó revisando su posición en marzo de 2022.
- El Parlamento Europeo y la prensa. En una resolución de enero de 2023, adoptada tras el escándalo de corrupción que afectaba a la institución, los eurodiputados criticaron la situación de la libertad de prensa en Marruecos. Rabat lo vio como una injerencia, tanto más cuanto que la propia cámara estaba entonces bajo sospecha.
- El proteccionismo agrícola. Los cupos, los controles sanitarios y las campañas de sectores europeos contra los productos marroquíes, en particular los tomates, recuerdan que la apertura del mercado tiene límites cuando se deja sentir la competencia.
- La externalización migratoria. Europa espera que Marruecos contenga los flujos hacia sus fronteras, a cambio de dotaciones modestas y de promesas de movilidad rara vez cumplidas.
Cada punto, considerado por separado, admite una explicación técnica o jurídica. Su repetición cuenta otra cosa: una relación en la que se exige a Rabat que demuestre su fiabilidad sin que nunca se le asegure la reciprocidad.
El Sáhara marroquí, o la diferencia entre el anuncio y el método
En el Sáhara, el contraste es nítido. Estados Unidos reconoció la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara en diciembre de 2020, durante la primera presidencia de Donald Trump. Esa decisión se ha mantenido y prolongado. El 31 de octubre de 2025, el Consejo de Seguridad adoptó la Resolución 2797 con 11 votos a favor, ninguno en contra y tres abstenciones (Rusia, China y Pakistán). El texto pide a las partes que negocien sobre la base del plan de autonomía propuesto por Marruecos, que considera que podría representar la solución «más viable». También acoge con satisfacción la disposición de Washington a acoger las negociaciones, y en febrero de 2026 se celebró una reunión en la embajada estadounidense en Madrid, bajo la égida del embajador Mike Waltz.
Lo decimos sin rodeos: en pocos años, Washington ha movido un expediente que otros mantenían congelado desde hacía décadas, a veces aprovechando su inmovilismo para presionar a Rabat. Los europeos no mantienen todos la misma posición, y sería injusto ignorarlo. España en 2022, Francia en 2024 y el Reino Unido en 2025 respaldaron el plan de autonomía, y París saludó la Resolución 2797. Pero estas evoluciones llegaron tarde, de capitales que durante mucho tiempo conservaron el expediente como una carta. Las instituciones de Bruselas, por su parte, siguen ateniéndose al marco fijado por el Tribunal de Justicia.
América, un socio en plena aceleración
Las cifras estadounidenses van en la dirección de la diversificación. Según el Census Bureau, el comercio de bienes entre ambos países alcanzó unos 5.300 millones de dólares en los siete primeros meses de 2026, frente a 4.330 millones un año antes. Las exportaciones estadounidenses a Marruecos aumentaron un 25,2 %, hasta 4.070 millones de dólares, impulsadas en particular por la aeronáutica, que supera los 1.000 millones. Marruecos está vinculado a Estados Unidos por un acuerdo de libre comercio desde 2006, una ventaja que pocos países africanos poseen.
No obstante, se impone un punto de vigilancia: la balanza es ampliamente deficitaria para Marruecos. En julio de 2026, las exportaciones estadounidenses al Reino (686 millones de dólares) representan más de tres veces las importaciones estadounidenses procedentes de Marruecos (185 millones). Diversificar no basta: también es necesario que los productos marroquíes suban de gama y se hagan un hueco en las cadenas de valor estadounidenses. Los fertilizantes, la automoción y el sector eléctrico son las vías más avanzadas.
Asia, una palanca industrial que hay que manejar con método
Por el lado asiático, China se convirtió en 2024 en el tercer socio comercial de Marruecos, según las estadísticas nacionales, con importaciones en fuerte aumento pero exportaciones estancadas. Esta brecha recuerda que la diversificación no es un cheque en blanco. Pekín ha anunciado, no obstante, la supresión de los aranceles sobre las importaciones de 53 países africanos, entre ellos Marruecos, a partir de mayo de 2026, lo que abre una ventana para los productos marroquíes. En el plano industrial, los inversores chinos se interesan por Marruecos por su posición geográfica, sus acuerdos de acceso a mercados y sus fosfatos, materia prima de las baterías LFP.
China no es el único rostro de Asia. Japón, Corea del Sur e India ofrecen perspectivas complementarias, en particular en automoción, energía y defensa. Una estrategia seria supondría tratarlos como socios de pleno derecho y no como simples proveedores de capital.
Lo que significa diversificar
Seamos precisos, para no caer en el eslogan. Diversificar no significa romper con Europa, que seguirá siendo durante mucho tiempo el primer destino de las exportaciones del Reino. Significa reducir la vulnerabilidad frente a un único interlocutor y, por tanto, su capacidad para hacernos ceder. En concreto, destacan tres frentes: ampliar la base exportadora hacia los mercados estadounidense y asiático, negociar con cada socio sin ceder una dependencia tecnológica o financiera, y proteger los acuerdos existentes frente a los vaivenes políticos o judiciales.
Queda una pregunta que la actualidad aún no resuelve: ¿resistirá jurídicamente el acuerdo de pesca en negociación con Bruselas, que aspiraba a un acuerdo de principio para el tercer trimestre de 2026, ante nuevos recursos? La respuesta dirá mucho sobre la capacidad de Europa para tratar a Marruecos como socio y no como deudor. Mientras tanto, Rabat tiene todas las razones para multiplicar sus opciones.
Preguntas frecuentes
¿Sigue siendo Europa el primer socio de Marruecos?
Sí. Francia y España figuran entre sus principales socios comerciales. La diversificación busca reducir la dependencia, no romper.
¿Qué dice la Resolución 2797 sobre el Sáhara marroquí?
Adoptada el 31 de octubre de 2025, pide negociaciones sobre la base del plan de autonomía marroquí, que considera la solución «más viable». No fija el resultado final.
¿Por qué se anularon los acuerdos agrícola y de pesca con la UE?
El Tribunal de Justicia de la UE sostuvo, el 4 de octubre de 2024, que no se había obtenido el consentimiento del pueblo del Sáhara Occidental. Marruecos discrepa de esa interpretación.
¿Es China una alternativa sin riesgos?
No. Marruecos importa de China mucho más de lo que exporta. El reto es equilibrar los intercambios y atraer inversión industrial.