El lunes, en Sevilla, el expresidente del Gobierno (1996-2004) lanzó una frase que saturó de inmediato periódicos y redes sociales: si la coalición actual vuelve a formar gobierno tras las elecciones generales del 29 de noviembre, «el sistema constitucional» y la monarquía parlamentaria «se terminan». Una fórmula contundente, pronunciada a menos de dos meses de las urnas.
¿Hay que ver en ella una visión o un argumento de campaña? Me inclino por la segunda lectura, sin descartar del todo la primera. Les explico por qué.
Lo esencial
- José María Aznar afirma que el sistema constitucional y la monarquía «se terminan» si la coalición actual vuelve a gobernar.
- Hablaba en Sevilla, antes de las elecciones generales anticipadas del 29 de noviembre.
- Abolir la monarquía exige dos tercios de los votos en las dos cámaras, dos legislaturas y un referéndum.
- Cataluña y el País Vasco alimentan el debate, pero sus situaciones son distintas.
- Sus detractores ven en ello, sobre todo, un argumento de campaña.
Lo que Aznar dijo realmente
Invitado a un ciclo de conferencias organizado por una fundación andaluza, Aznar presentó estas elecciones como las más importantes desde la Transición democrática. Según él, lo que está en juego no es una simple alternancia en La Moncloa, sino una elección entre la unidad de España y su «plurinacionalidad», entre la monarquía y la república.
Su razonamiento se resume en una cadena: los aliados independentistas de Pedro Sánchez querrían dar a la próxima legislatura un carácter «prácticamente constituyente». Un planteamiento así abriría, según él, la puerta a la abolición de la Corona, clave de bóveda del edificio de 1978. «Eso no se oculta, se dice abiertamente», añadió.
Merece subrayarse un punto: Aznar atribuye esas intenciones a socios del Gobierno, no al propio presidente. Y es ahí donde el debate se vuelve interesante.
🇪🇸❌ Bientôt la fin de la monarchie Espagnole ? L’Espagne file droit vers la République et le séparatisme
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Quand José María Aznar parle, Madrid tend l’oreille, souvent pour s’en agacer. #espagne #España #Españoles #Madrid #Barcelona #Cataluña #PaísVasco https://t.co/sXMCJ1qwgA— Silicon Valley (@SiliconValleyMa) October 7, 2026
Lo que dice el derecho y lo que no dice
Retengo primero un hecho de procedimiento, demasiado olvidado en el fragor del debate. Suprimir la monarquía en España no es cuestión de una simple mayoría. El título II de la Constitución, que consagra la Corona, solo puede modificarse mediante el procedimiento reforzado del artículo 168: mayoría de dos tercios en cada cámara, disolución de las Cortes, nueva votación por dos tercios en las cámaras salidas de las urnas y, por último, referéndum.
En concreto, ninguna coalición de izquierdas e independentistas, ni siquiera reeditada, dispone hoy de una correlación de fuerzas semejante. Haría falta la adhesión de buena parte de la derecha, algo que pertenece a la ficción política. El PSOE, por su parte, defiende oficialmente la monarquía parlamentaria, aunque algunos de sus socios, como los partidos situados a su izquierda y las formaciones independentistas, son republicanos desde hace mucho tiempo.
Eso no significa que el asunto esté ausente del panorama. Desde la abdicación de Juan Carlos en 2014, la Corona ha atravesado turbulencias, entre el exilio del rey emérito en los Emiratos Árabes Unidos y las dudas sobre sus asuntos financieros. Felipe VI se ha esforzado por restablecer la confianza, pero el debate «monarquía o república» sigue vivo en una parte de la opinión pública, sobre todo entre los jóvenes.
Cataluña, el nudo del problema
Para entender por qué una declaración así tiene eco, hay que mirar a Cataluña. El referéndum del 1 de octubre de 2017, considerado ilegal por la justicia española, y después la declaración de independencia del 27 de octubre provocaron la crisis institucional más grave desde el regreso de la democracia. Madrid activó entonces el artículo 155, que suspendió la autonomía catalana. Varios dirigentes fueron condenados en 2019 por el Tribunal Supremo, y otros, entre ellos Carles Puigdemont, se exiliaron.
Lo que siguió fue una larga secuencia de desescalada impulsada por Pedro Sánchez: indultos concedidos en 2021 a los condenados y, después, ley de amnistía aprobada en 2024. Para sus partidarios, fue el precio de una distensión que efectivamente hizo bajar la temperatura. Para sus adversarios, entre ellos Aznar, fue una concesión a quienes habían desafiado el orden constitucional, obtenida a cambio de votos en el Parlamento.
Las dos lecturas se apoyan en hechos. El respaldo de Junts y de Esquerra Republicana fue, en efecto, decisivo para la investidura de 2023. Pero Cataluña está gobernada además desde 2024 por un socialista, Salvador Illa, lo que demuestra que el separatismo ya no tiene, por ahora, la dinámica de 2017.
País Vasco, Galicia y las demás regiones
Evito meter todas las reivindicaciones en el mismo saco, porque no tienen ni la misma historia ni los mismos métodos.
En el País Vasco, el nacionalismo es antiguo y está profundamente institucionalizado. El Partido Nacionalista Vasco gobierna la comunidad desde hace décadas y dispone de un régimen fiscal singular, el concierto económico. Desde el fin de la violencia de ETA, anunciado en 2011 y seguido de su disolución en 2018, la izquierda independentista de EH Bildu se ha convertido en un actor parlamentario central. En las elecciones autonómicas de 2024 igualó prácticamente al PNV en número de escaños. Su apoyo a Pedro Sánchez es uno de los blancos favoritos de la derecha.
En Galicia, el Bloque Nacionalista Galego se convirtió en 2024 en la segunda fuerza de la región, pero su reivindicación sigue siendo sobre todo identitaria y social, muy lejos de un proyecto secesionista cristalizado. En otros lugares, como Baleares, Canarias o la Comunidad Valenciana, se habla sobre todo de financiación y de reconocimiento lingüístico, no de independencia.
Esto es lo que considero importante retener para situar el debate:
- Constitución de 1978: proclama la indivisibilidad de la nación española y, a la vez, reconoce la autonomía de las regiones.
- 2014: abdicación de Juan Carlos y proclamación de Felipe VI.
- 2017: referéndum catalán, declaración de independencia y aplicación del artículo 155.
- 2024: ley de amnistía y elecciones autonómicas en Cataluña y el País Vasco.
- 29 de noviembre de 2026: elecciones generales anticipadas, presentadas por Aznar como un punto de inflexión.
Alarma sincera o estrategia electoral
No voy a cuestionar la sinceridad de las convicciones de Aznar. Vivió el atentado de ETA de 1995 y ha hecho de la unidad nacional el combate de su vida. Sus partidarios ven en él a un guardián de la Constitución, capaz de decir en voz alta lo que otros prefieren callar.
Pero el analista que soy también observa que el registro de la alarma existencial es un clásico de la derecha española en periodo electoral. Moviliza al electorado, intenta recuperar para el Partido Popular los votos tentados por Vox y lleva el debate al terreno identitario en lugar de al balance económico o social del Gobierno.
Por parte de la mayoría, se ve en ello una caricatura. Los socialistas recuerdan que nunca han propuesto cuestionar la Corona y que «plurinacionalidad» no significa secesión. Los partidos independentistas, por su parte, no ocultan sus ambiciones a largo plazo, pero saben que la aritmética actual no les permite materializarlas a corto plazo.
Lo que está en juego para España y para Europa
Más allá de las polémicas, hay desafíos concretos. En el plano económico, Cataluña pesa mucho en el producto interior bruto español, y cualquier inestabilidad territorial inquieta a los inversores, como se vio en 2017 con la salida de miles de sedes sociales. En el plano geopolítico, España, cuarta economía de la zona euro, no puede permitirse una crisis de régimen sin consecuencias para la Unión Europea.
Observo también que la polarización se convierte en sí misma en un factor de fragilidad. Cuando cada bando describe al otro como una amenaza para la nación, el terreno de entendimiento se reduce y las reformas de fondo, como la financiación autonómica, la justicia o la vivienda, pasan a un segundo plano.
Una pregunta que sigue abierta
Entonces, ¿se encamina España hacia la república? Por ahora, nada en el derecho ni en la correlación de fuerzas parlamentarias permite afirmarlo. Pero el hecho de que un expresidente del Gobierno pueda decirlo, y ser escuchado, revela hasta qué punto el pacto territorial de 1978 está hoy cuestionado. El 29 de noviembre dirá si los españoles comparten el diagnóstico de Aznar o si ven en él una dramatización más. Y usted, ¿qué opina?
Preguntas frecuentes
¿Anunció realmente Aznar el fin de la monarquía?
Afirmó que, si la coalición actual vuelve a gobernar, el sistema constitucional y la monarquía «se terminan». Es una advertencia política, no una previsión institucional.
¿Se puede abolir la monarquía con una simple mayoría?
No. El artículo 168 exige dos tercios de los votos en las dos cámaras, dos legislaturas sucesivas y un referéndum.
¿Quiere el PSOE instaurar una república?
No, el partido defiende oficialmente la monarquía parlamentaria. Algunos de sus socios, en cambio, son republicanos.
¿Qué regiones reclaman la independencia?
Principalmente Cataluña y, en un grado distinto, el País Vasco. En el resto, las reivindicaciones se centran sobre todo en la autonomía y la lengua.