Hay giros argumentales que ni un guionista de Silicon Valley se atrevería a escribir. Jony Ive, el diseñador que dio su rostro al iPhone, trabaja ahora con Sam Altman, el jefe de OpenAI, en un objeto que pretende alejarnos de las pantallas. Lo confieso: leí la noticia dos veces antes de creérmela. El smartphone de Jony Ive ha moldeado nuestros hábitos durante casi veinte años, y su creador se enfrenta hoy a su propio legado.
Claves
- Jony Ive y OpenAI preparan un dispositivo de IA sin pantalla, presentado como un «compañero».
- Según Bloomberg, costaría entre 300 y 400 dólares. OpenAI no ha confirmado nada.
- Su entrega no está prevista antes de finales de febrero de 2027, según un documento judicial.
- Meta apuesta por el Muse Charm, un llavero con IA y una pequeña pantalla, previsto para diciembre.
- El desafío sigue siendo el mismo: convencer sin vigilarnos de forma permanente.
La cuestión es si asistimos a una redención industrial o a un simple desplazamiento del problema.
Lo que realmente sabemos del dispositivo de Jony Ive y OpenAI
Empecemos por los hechos, porque el asunto ya ha generado su ración de rumores. En mayo de 2025, OpenAI anunció la compra de io, la start-up fundada por Jony Ive, por unos 6.500 millones de dólares. El estudio de diseño de Ive, LoveFrom, dirige la concepción del producto. El proyecto cuenta con antiguos directivos de Apple, entre ellos Tang Tan, veterano del iPhone y del Apple Watch.
Desde entonces, la información llega con cuentagotas. Según Bloomberg, el primer dispositivo tendría forma de anillo compacto, del tamaño de un disco de hockey, alimentado por batería. Incorporaría micrófonos, una cámara y sensores para leer su entorno, pero no tendría pantalla. Algunas de sus piezas se moverían por sí solas para indicar que escucha o que responde. Las mismas fuentes apuntan a un precio de entre 300 y 400 dólares.
OpenAI no ha confirmado ninguna de estas características. Conviene, por tanto, leerlas como filtraciones verosímiles, no como una ficha técnica.
En cuanto al calendario, un documento judicial presentado en el litigio de marca que enfrenta a OpenAI con la start-up de audio iyO indica que el dispositivo no se entregará antes de finales de febrero de 2027. El objetivo inicial era finales de 2026.
Un «compañero» en lugar de un sustituto
Este es el primer punto en el que el título de este artículo merece un matiz. ¿Quiere realmente Jony Ive matar al smartphone? Nada de lo que sabemos lo afirma. La información publicada, en particular por WIRED, describe un dispositivo sin pantalla, pensado para funcionar junto al teléfono y el ordenador, no en su lugar. El propio Ive y Altman han hablado de un «tercer dispositivo» y de una «familia de dispositivos».
El matiz no es menor. De momento, el smartphone sigue siendo la puerta de entrada a nuestra vida digital: pagos, navegación, mensajería, fotografía. Ningún objeto sin pantalla ha logrado destronarlo, como demostraron los fracasos del Humane AI Pin y del Rabbit R1. Ambos aparatos, vendidos como sucesores del teléfono, decepcionaron porque no lo hacían mejor que él.
Lo digo, pues, sin rodeos: «matar al smartphone» es una fórmula de columnista, no una estrategia anunciada. Lo que persiguen Jony Ive y Sam Altman es instalar un nuevo hábito junto al antiguo y, quizá, verlo ir erosionando al otro.
La promesa de calma y su ironía
El argumento oficial es seductor. Jony Ive y Sam Altman describen un objeto más «apacible», que nos liberaría de la atención que capturan las pantallas. El propio Ive ha reconocido en varias ocasiones una parte de responsabilidad en los usos compulsivos del smartphone. Que un diseñador asuma públicamente los efectos secundarios de su obra es lo bastante raro como para subrayarlo.
Pero la ironía salta a la vista. El hombre que diseñó el objeto más omnipresente de la historia reciente propone desintoxicarnos de él vendiéndonos otro aparato. Y por más de 300 dólares.
Más inquietante aún, la promesa de calma descansa en un mecanismo que plantea sus propias preguntas. Para anticipar nuestras necesidades sin pedir nunca nuestra mirada, el objeto debe observarnos de forma continua: ver, oír, recordar. El silencio de la pantalla se paga con la presencia permanente de sensores.
Un periodista de tecnología debe plantear la pregunta con franqueza. ¿Es un dispositivo que escucha y mira en segundo plano realmente menos intrusivo que una pantalla que se puede apagar? En Europa, los reguladores examinarán este punto con lupa. La CNIL, la autoridad francesa de protección de datos, ya hizo suspender en Francia la venta del colgante de IA de la start-up Friend, un recordatorio de que el derecho europeo no se puede eludir.
Meta y OpenAI, dos apuestas opuestas sobre la era posterior al smartphone
El paralelismo con Meta resulta instructivo. A finales de septiembre de 2026, durante su conferencia Connect, Mark Zuckerberg presentó el Muse Charm, un pequeño dispositivo que se engancha a un llavero o a un bolso. Según la prensa especializada, integra el agente de IA Muse de Meta, cuenta con una pantalla táctil de unas dos pulgadas y 5G, y se desbloquea mediante un sensor de huellas dactilares. Su lanzamiento está anunciado para diciembre. Se lo ha comparado con un Tamagotchi de nueva generación, con un avatar animado que se puede personalizar.
Así leo yo la diferencia entre los dos enfoques:
- OpenAI y Jony Ive apuestan por la ausencia de pantalla, una IA ambiental y un objeto situado en el espacio doméstico, con lanzamiento previsto para 2027.
- Meta apuesta por un compañero de bolsillo con una pequeña pantalla, un avatar y disponibilidad inmediata, con lanzamiento anunciado para diciembre de 2026.
- Punto en común: ambos quieren un objeto dedicado a la IA, que ya no dependa de la pantalla del smartphone para ser útil.
Las dos visiones se oponen en la forma, pero parten de la misma constatación. El smartphone se ha convertido en un mercado maduro, dominado por Apple y Google, y los laboratorios de IA quieren un punto de acceso propio. Quien controla el hardware controla la relación con el usuario, los datos que de ella se derivan y, en última instancia, la factura. Para OpenAI, que hoy depende de teléfonos fabricados por otros, lo que está en juego estratégicamente es considerable.
Los obstáculos que sería un error subestimar
Mantengo la prudencia sobre sus posibilidades de éxito, por al menos tres razones.
En primer lugar, el historial del sector es duro. Los gadgets de IA autónomos lanzados en los últimos años han tenido dificultades para convencer. O bien eran redundantes con el teléfono, o bien demasiado limitados para justificar una compra adicional. El precio anunciado para el dispositivo de OpenAI lo sitúa por encima de la mayoría de los altavoces inteligentes de consumo.
En segundo lugar, la cuestión jurídica. Apple ha emprendido acciones legales contra OpenAI, a la que acusa de haber utilizado secretos industriales. OpenAI rechaza las acusaciones. El desenlace de este caso podría pesar sobre el calendario, aunque nada indica por ahora que bloquee el lanzamiento. El litigio de marca con iyO, por su parte, ya ha llevado a OpenAI a abandonar el nombre «io».
Por último, el uso. Un objeto que debe «anticipar sus necesidades» sin pantalla exige una IA fiable, capaz de entender el contexto sin equivocarse. Y un asistente que se equivoca sin pantalla con la que corregirlo resulta más frustrante que uno que se equivoca en una pantalla que se puede consultar. La ausencia de interfaz visual no perdona ningún error.
Una desintoxicación que está por demostrar
En el fondo, la cuestión no es técnica sino de comportamiento. Reducir la adicción a las pantallas exige cambiar nuestros usos, no solo nuestros objetos. Pero las empresas que nos ofrecen estos nuevos dispositivos viven de nuestra atención, de nuestros datos o de nuestras suscripciones. Su interés no es que nos soltemos, sino trasladar el punto de contacto.
Aun así, no creo que haya que descartar el proyecto de un plumazo. Jony Ive ha demostrado en el pasado que sabe crear objetos que cambian hábitos. Y la idea de una tecnología menos invasiva responde a una demanda real, que se mide en el éxito de los modos «no molestar» y de los teléfonos simplificados.
Pero la prueba no será la elegancia del objeto. Será su capacidad para devolvernos tiempo sin pedirnos a cambio que le confiemos una vigilancia permanente de nuestra vida cotidiana. En 2027 sabremos si el recreo ha terminado de verdad, o si simplemente nos han cambiado de patio.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo saldrá el dispositivo de Jony Ive y OpenAI?
Según un documento judicial, no antes de finales de febrero de 2027. OpenAI apuntaba inicialmente a finales de 2026.
¿Cuánto costará?
OpenAI no ha comunicado ningún precio. Según Bloomberg, estaría entre 300 y 400 dólares. Una filtración anterior hablaba de 200 a 300 dólares.
¿Sustituirá el dispositivo al smartphone?
Nada lo indica por ahora. La información disponible lo describe como un compañero sin pantalla, destinado a funcionar junto al teléfono y el ordenador.
¿En qué se diferencia el Muse Charm de Meta?
Es un dispositivo de bolsillo con una pequeña pantalla táctil, un avatar animado y 5G. Meta lo ha anunciado para diciembre, mientras que el de OpenAI se espera para 2027.