Lo que sí asume es una responsabilidad oficial inédita desde su salida del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) en 2025: codirigir Project Meridian, el estudio de 120 días que el secretario de Defensa, Pete Hegseth, anunció el 30 de septiembre de 2026 para repensar los conflictos venideros.
He querido entender qué implica exactamente este papel, qué espera el Pentágono del empresario y por qué su nombramiento suscita tanto debate.
Qué es Project Meridian
El anuncio tuvo lugar durante el discurso de Pete Hegseth sobre el estado de las fuerzas, pronunciado en Quantico, Virginia. Meridian figuraba entre seis iniciativas, junto a un mando dedicado a la guerra autónoma, un concurso para una nueva gran base militar y una oficina de asuntos religiosos.
El principio es el de un estudio prospectivo. Durante 120 días, un equipo debe cartografiar los campos de batalla de nueva generación, desde los espacios subterráneos hasta el espacio cislunar, es decir, la zona comprendida entre la Tierra y la Luna. La fórmula procede de la presentación del Pentágono. Hegseth habló por su parte de escenarios que se extienden desde bajo la Tierra hasta más allá de la Luna.
A partir de esa cartografía, el estudio debe recomendar las tecnologías y los armamentos necesarios para garantizar la superioridad estadounidense. El secretario precisó, no obstante, que el proyecto no pretende elaborar nuevas estrategias ni nuevas políticas. Es un ejercicio de identificación de necesidades, no un órgano de decisión.
El calendario es preciso. El informe se espera para el 28 de enero de 2027, en forma de documento público acompañado de un anexo clasificado.
El papel de Elon Musk
Elon Musk es uno de los tres codirectores del estudio, junto a Palmer Luckey, cofundador del fabricante de sistemas autónomos Anduril, y Newt Gingrich, expresidente republicano de la Cámara de Representantes. Todo ello queda bajo la autoridad de Emil Michael, director de tecnología del Pentágono y antiguo directivo de Uber. Un equipo más amplio, procedente del sector público y privado, de la universidad y de los centros de pensamiento, debe respaldarlos.
Para el empresario, supone el regreso a la maquinaria del Estado por una vía distinta al DOGE. Su estatus jurídico exacto en esta misión, ya sea asesor, empleado especial del Gobierno u otro régimen, no se detalla en las fuentes que he consultado. En el momento de escribir estas líneas, tampoco he encontrado ninguna declaración pública suya sobre el nombramiento. Un medio especializado señalaba que no había reaccionado la noche del anuncio.
Hay que añadir que el estudio abarca ámbitos en los que sus empresas ya están activas. SpaceX es un proveedor importante del Pentágono para lanzamientos y comunicaciones por satélite. Según la prensa especializada, la compañía obtuvo en mayo de 2026 un contrato de 4.160 millones de dólares con la Space Force para satélites de seguimiento de amenazas, y otro de 2.290 millones para una red de comunicaciones militares. Su filial de inteligencia artificial, xAI, había conseguido en julio de 2025 un contrato con un límite máximo de 200 millones de dólares.
Las cifras clave
- Anuncio: 30 de septiembre de 2026, en Quantico, por Pete Hegseth
- Duración: 120 días
- Informe previsto: 28 de enero de 2027, versión pública y anexo clasificado
- Codirectores: Elon Musk, Palmer Luckey, Newt Gingrich
- Supervisión: Emil Michael, director de tecnología del Pentágono
- Alcance del estudio: de las profundidades subterráneas al espacio cislunar
Un vínculo estrecho entre el estudio y las actividades de Musk
Varios medios han señalado que el alcance de Meridian coincide en parte con las actividades de las empresas de Elon Musk. Los túneles de The Boring Company remiten a los entornos subterráneos, y las ambiciones lunares de Starship, al espacio cislunar. Musk no es el único afectado: Palmer Luckey dirige Anduril, que fabrica sistemas autónomos y que, según la prensa, tiene un contrato de hasta 642 millones de dólares a diez años con los Marines para la lucha antidrones.
Esta proximidad está en el centro de la polémica. Medios y organizaciones críticas hablan de un conflicto de intereses de primer orden, tanto más cuanto que ni Elon Musk, ni Palmer Luckey, ni Newt Gingrich han servido en el ejército estadounidense, como subrayan algunos de esos medios. La objeción no presupone mala fe. Una misma persona puede aportar una experiencia real y, a la vez, beneficiarse de las decisiones que inspira. La cuestión es la de las salvaguardas: declaraciones de intereses, normas de recusación, acceso a información sensible. Hasta donde sé, el departamento no ha detallado públicamente estos mecanismos.
Los argumentos de quienes defienden el proyecto
Los partidarios del enfoque ofrecen otra lectura. Según ellos, el Pentágono integra con demasiada lentitud las rupturas tecnológicas, como mostró la guerra de Ucrania, donde los drones de bajo coste trastocaron las prácticas en pocos meses. Asociar a quienes conciben estas tecnologías acortaría el plazo entre la innovación y su empleo.
Recuerdan también que Meridian no adjudica contratos ni presupuestos, que su duración es limitada y que su informe será público. El propio Hegseth reconoció que existen sesgos y riesgos evidentes en que el Pentágono formule las preguntas y las responda por sí solo, lo que justificaría recurrir a miradas externas. La presencia de Newt Gingrich, figura política y no industrial, se presenta además como un contrapeso parcial.
Estos argumentos son atendibles, pero no agotan la cuestión. Un informe público puede orientar de forma duradera las decisiones de equipamiento sin que se infrinja ninguna norma formal.
Un proyecto dentro de una reforma más amplia
Meridian se inscribe en una reforma impulsada por Pete Hegseth. Según Newsweek, ha duplicado el objetivo de reducción del número de puestos de generales y almirantes anunciado el año pasado, lo que legisladores demócratas han calificado de purga peligrosa, mientras que sus defensores ven en ello la corrección de una jerarquía considerada demasiado pesada.
Esta lógica, que consiste en aligerar las estructuras tradicionales y crear mandos dedicados a las tecnologías emergentes, encuentra en Meridian su vertiente prospectiva. Supone una apuesta por la agilidad, con el riesgo de debilitar la experiencia institucional.
Las relaciones entre Pete Hegseth y Elon Musk tampoco han sido siempre sencillas. En 2025, The New York Times informó de desacuerdos entre ambos sobre el alcance de los recortes en la plantilla civil del Pentágono. La alianza actual, por tanto, no tiene nada de automático.
Qué vigilar de aquí a enero de 2027
Tres elementos me parecen determinantes. El primero es la composición del equipo ampliado: ¿incluirá oficiales en activo, historiadores militares y representantes de aliados, o sobre todo industriales? El segundo es el régimen deontológico aplicado a los codirectores. El tercero es el contenido del informe, y en particular el equilibrio entre la versión pública y el anexo clasificado: lo que permanezca secreto será, por definición, difícil de evaluar.
Un estudio que se juzgará tanto por su método como por sus conclusiones
Los tres codirectores conocen sus materias, y nada indica que Meridian no vaya a producir análisis pertinentes. Pero en un ámbito donde la frontera entre experiencia e interés es tan delgada, la credibilidad del informe dependerá tanto de cómo se haya llevado a cabo como de sus recomendaciones. Con ese criterio deberá leerse el documento del 28 de enero de 2027.
Preguntas frecuentes
¿Se ha hecho militar Elon Musk?
No. Codirige un estudio del Pentágono sobre la guerra del futuro, sin rango ni alistamiento militar. Su estatus preciso en esta misión no se ha detallado públicamente.
¿Qué debe producir Project Meridian?
Una cartografía de los campos de batalla de nueva generación, de las profundidades subterráneas al espacio cislunar, y recomendaciones sobre las tecnologías y armamentos necesarios. El informe se espera para el 28 de enero de 2027, con una versión pública y un anexo clasificado.
¿Quién dirige el proyecto?
Lo codirigen Elon Musk, Palmer Luckey y Newt Gingrich, bajo la autoridad de Emil Michael, director de tecnología del Pentágono.
¿Por qué se habla de conflicto de intereses?
Porque SpaceX y Anduril ya son grandes proveedores del Pentágono y venden el tipo de tecnologías que el estudio puede recomendar. No se han detallado las posibles salvaguardas.