En una entrevista en el canal Echorouk News, Abdelhamid Abdaoui, quien fuera embajador de Argelia en Rabat entre 2019 y 2021, afirmó que Marruecos se encuentra “bajo ocupación” de lo que él llama la “entidad sionista”, y se negó incluso a emplear la palabra “embajador” para referirse al representante de Israel en el reino, prefiriendo calificarlo de “residente general de la entidad sionista en Marruecos”. Según él, la mera presencia de ciudadanos judíos marroquíes en el reino bastaría para demostrar que el país “pertenece a los sionistas”.
No se trata de un internauta anónimo ni de un polemista de plató sin credenciales. Es un diplomático de carrera que representó al Estado argelino durante dos años ante el Reino de Marruecos, precisamente durante el período crucial que vio la normalización de las relaciones marroquí-israelíes en diciembre de 2020 y, posteriormente, la ruptura de las relaciones diplomáticas argelino-marroquíes en agosto de 2021. Es precisamente esta trayectoria diplomática la que transforma una opinión personal, por chocante que sea, en indicio de un fenómeno más amplio: una porosidad creciente, dentro del propio aparato estatal argelino y de los medios afines a él, entre el discurso antisionista y la retórica abiertamente antijudía.
El contexto inmediato de una intervención mediática
La intervención de Abdelhamid Abdaoui no se produce en el vacío. Llega apenas unos días después del anuncio, el 15 de septiembre en Nueva York, de la elevación del nivel de las representaciones diplomáticas entre Rabat y Tel Aviv, ahora al rango de embajadas con intercambio de embajadores. Fue esta noticia la que motivó su intervención. El ex diplomático desarrolló entonces una teoría que se remonta a la cumbre árabe de Casablanca de 1965, afirmando que el rey Hasán II habría permitido entonces que el Mosad espiara a los líderes árabes presentes, lo cual, según él, explicaría la derrota árabe en la Guerra de los Seis Días de 1967. Sostuvo además que el mismo monarca habría recibido dinero por cada judío marroquí que emigrara a Israel a principios de la década de 1960, una acusación grave, no respaldada por ninguna fuente verificable, que se inscribe en un registro conspirativo bien documentado.
Este tipo de declaración no es un hecho aislado en el panorama mediático argelino. Ya en 2020, la agencia de prensa oficial APS había calificado a siete eurodiputados de “sionistas marroquíes” en un despacho, una elección léxica denunciada en su momento como antisemita por varios analistas estadounidenses de política exterior, entre ellos el académico William Lawrence y el ex portavoz del Departamento de Estado Adam Erly, quienes vieron en ello una instrumentalización de la identidad judía con fines de descrédito político. Más recientemente, un comentarista de televisión argelino, Mehdi Ghezzar, atacó en directo a André Azoulay, asesor judío del rey Mohamed VI, acusándolo de ser el “verdadero gobernante de Marruecos” y reproduciendo, casi textualmente, el esquema conspirativo de los Protocolos de los Sabios de Sion. Esas declaraciones provocaron indignación en Marruecos, así como en Francia, donde el presidente del partido Les Républicains, Éric Ciotti, las calificó de “inadmisibles e infames”.
« Le Maroc appartient aux sionistes » Un exemple de l’antisémitisme d’État sur une chaîne de télévision algérienne car celui qui s’exprime est l’ex-ambassadeur d’Algérie au Maroc qui considère que la seule présence de Juifs marocains dans le royaume est la confirmation que le… pic.twitter.com/LyFpdCGBKh
— Chawki Benzehra (@ChawkiBenzehra) September 24, 2026
Una historia que todavía pesa sobre el presente
Para comprender la carga simbólica de estas declaraciones, hay que remontarse a la historia de la propia comunidad judía de Argelia. Desde el decreto Crémieux de 1870, los judíos de Argelia disfrutaban de la ciudadanía francesa, un estatuto que los distinguía de la población musulmana y que marcó, hasta la independencia, una identidad comunitaria propia, jalonada también por los disturbios antijudíos de Constantina en 1934 y por la derogación del decreto bajo el régimen de Vichy en 1940. En el momento de la independencia, en julio de 1962, la inmensa mayoría de esa comunidad, estimada en unas 130.000 personas, optó por abandonar el país en cuestión de semanas para instalarse en Francia y no en Israel. Hoy en día apenas queda un puñado de judíos en Argelia.
El contraste con Marruecos es evidente. El reino conserva una comunidad judía, ciertamente reducida a unas 3.000 personas según las estimaciones más recientes, pero cuya presencia institucional sigue siendo visible: un asesor real judío en la persona de André Azoulay, un patrimonio judío restaurado por la monarquía desde finales de la década de 1980, y una política oficial de reconocimiento del componente hebraico de la identidad nacional marroquí, inscrita incluso en la Constitución de 2011. Es precisamente esa visibilidad la que el ex embajador argelino convierte en acusación, al presentar la presencia judía como prueba de una lealtad nacional hacia el sionismo en lugar de como un hecho histórico y comunitario.
Antisionismo y antisemitismo, una frontera cada vez más difusa
El gobierno argelino siempre se ha defendido de cualquier hostilidad hacia los judíos como tales, insistiendo en que su política exterior apunta al Estado de Israel y a su política hacia los palestinos, no a una religión o un origen étnico. Se trata de un argumento defendible en su principio: la crítica a un Estado y a su política no equivale, en sí misma, a antisemitismo. Varios diplomáticos e intelectuales argelinos reivindican, además, una tradición tercermundista y anticolonialista en la que el apoyo a la causa palestina ocupa un lugar central, independientemente de cualquier animadversión religiosa.
Pero el caso Abdaoui ilustra exactamente dónde se desdibuja esa frontera. Afirmar que la mera presencia de ciudadanos judíos en un país demuestra su pertenencia al sionismo ya no es una crítica a la política de Israel: es una esencialización religiosa que atribuye a todo judío, viva donde viva, una lealtad presunta hacia un Estado extranjero. Es exactamente la definición operativa de antisemitismo adoptada por la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto, ampliamente utilizada por las instituciones europeas y buena parte de la comunidad académica, aunque algunos investigadores cuestionan su uso político. Que este discurso lo sostenga un antiguo representante del Estado, en un canal de televisión nacional, y no un anónimo en una red social, cambia la naturaleza del problema: ya no se trata de un desliz individual, sino de un discurso que circula dentro del propio aparato diplomático y mediático argelino.
Lo que revelan estos episodios repetidos
Algunas referencias permiten medir la recurrencia del fenómeno:
- 2020: la agencia estatal APS califica a eurodiputados de “sionistas marroquíes”, una expresión denunciada como antisemita por analistas estadounidenses
- 2021-2026: varios comentaristas de televisión argelinos atacan directamente a figuras públicas judías marroquíes, entre ellas André Azoulay
- Septiembre de 2026: el ex embajador Abdelhamid Abdaoui afirma en Echorouk que la presencia judía en Marruecos demuestra la pertenencia del país a “los sionistas”
Esto no implica, evidentemente, a toda la clase política ni a toda la sociedad argelina, y sería igual de excesivo afirmar que este discurso constituye una política de Estado formalmente asumida en Argel. Pero la repetición de estos episodios, protagonizados por figuras con autoridad institucional o mediática, en un contexto de tensión máxima con Marruecos por la rivalidad regional y el expediente del Sahara Occidental, dibuja un clima en el que la retórica antijudía sirve como arma conveniente contra un rival diplomático.
Un debate llamado a continuar
La normalización acelerada entre Rabat y Tel Aviv, con la próxima apertura de una embajada israelí de pleno derecho en Marruecos, probablemente alimentará este tipo de discurso en los próximos meses, dado hasta qué punto el tema exacerba las tensiones entre ambas capitales magrebíes. Queda por ver si las autoridades argelinas optarán por distanciarse públicamente de declaraciones como las de Abdelhamid Abdaoui, o si el silencio oficial seguirá interpretándose, tanto en Rabat como en otros lugares, como una forma de tolerancia implícita.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Abdelhamid Abdaoui?
Fue embajador de Argelia en Rabat de 2019 a 2021, período durante el cual Marruecos normalizó sus relaciones con Israel y Argelia rompió las suyas con Marruecos.
¿Qué queda hoy de la comunidad judía de Argelia?
Prácticamente nada: de las aproximadamente 130.000 personas presentes en 1962, la gran mayoría abandonó el país en el momento de la independencia; hoy solo subsiste un puñado de miembros de esa comunidad.
¿Es el antisionismo automáticamente antisemitismo?
No, la crítica a la política de un Estado no equivale por sí misma a antisemitismo. La distinción se desdibuja, en cambio, cuando la presencia de ciudadanos judíos, al margen de sus opiniones propias, se presenta como prueba de una lealtad nacional hacia un Estado extranjero.
¿Ha reaccionado el gobierno argelino a estas declaraciones?
Hasta la fecha no se ha reportado ninguna toma de posición oficial que condene o se distancie de las declaraciones del ex embajador.