Aunque estos elementos sensibles son difíciles de verificar de manera independiente debido al carácter opaco del sistema y al alto nivel de confidencialidad que rodea estos círculos de poder, apuntan no obstante a un clima interno marcado por divergencias crecientes.
Estas señales se producen en un momento regional especialmente delicado, mientras que la cuestión del Sáhara sigue ocupando un lugar central en las discusiones diplomáticas internacionales, en particular dentro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Numerosos observadores consideran que esta fase podría ser decisiva para la evolución de los equilibrios geopolíticos en el norte de África.
Según fuentes coincidentes, habrían surgido desacuerdos estratégicos dentro de la jerarquía militar dirigida por el general Saïd Chengriha. Sin que pueda confirmarse la existencia de una fractura abierta, algunos interlocutores mencionan la existencia de dos corrientes principales: una que defiende el mantenimiento del statu quo en nombre de la estabilidad institucional, y otra más crítica que cuestiona ciertas orientaciones recientes.
Se habrían celebrado reuniones informales entre altos responsables al margen de los canales oficiales, lo que podría reflejar debates internos sobre la gobernanza y las prioridades estratégicas. Sin embargo, estas informaciones deben ser tratadas con cautela, ya que ninguna comunicación oficial ha confirmado su existencia.
Además, varios testimonios de antiguos generales mencionan críticas relativas a la gestión de los recursos económicos y a las decisiones geopolíticas adoptadas en los últimos años. Algunas fuentes también señalan disfunciones internas, especialmente en materia de gobernanza y procesos de toma de decisiones, descritos como cada vez más centralizados.
Un antiguo oficial militar, que ha solicitado el anonimato, describe un clima de desconfianza dentro de la institución, hablando de una “etapa de fuerte tensión interna” que podría afectar a la cohesión de la estructura. De nuevo, estas declaraciones no han podido ser verificadas de manera independiente.
En este punto, los analistas manejan varios escenarios posibles. El primero sería un ajuste interno progresivo destinado a contener las tensiones sin grandes rupturas. El segundo, más incierto, apunta a una posible intensificación de las rivalidades internas, lo que podría debilitar aún más unos equilibrios ya frágiles.
En una Argelia marcada por rivalidades estructurales y una inestabilidad latente, cualquier evolución interna podría tener repercusiones significativas a nivel regional.
Las próximas semanas permitirán determinar si estas señales responden a tensiones coyunturales o a una reconfiguración más profunda dentro del aparato militar argelino.