Añadió que, desde el punto de vista marroquí, son «por supuesto una herida».
No es un responsable marroquí quien habla. Es uno de los adversarios más decididos de Madrid, antiguo eurodiputado, y su voz procede del interior mismo del debate español. Creo que eso es lo que da su alcance a esta declaración.
Una frase que golpea donde Madrid es más vulnerable
La palabra «colonias» no es inocente. En España se habla de «ciudades autónomas» y de «plazas de soberanía», nunca de colonias. Que un expresidente de un gobierno regional europeo emplee este término en un gran diario británico rompe un tabú de vocabulario que el discurso oficial español mantiene con cuidado.
La continuación del razonamiento resulta todavía más incómoda para Madrid. Puigdemont opina que la posición de los habitantes de Ceuta quedaría legitimada si pudieran expresarse mediante un referéndum de autodeterminación, y que España se niega porque teme que se le reclame lo mismo en Cataluña. Es decir, según él, Madrid no defiende un principio, sino que se protege de un precedente.
Lo que dijo exactamente Puigdemont
Quiero citar íntegramente sus palabras, porque el rigor es lo que hace creíble un artículo. Puigdemont reconoce que «la gente de Ceuta es muy española». Por lo tanto, en esta entrevista no aboga por una integración inmediata en Marruecos, y no habla en nombre de Rabat.
Pero este matiz no le quita nada a lo esencial. Permanecen dos elementos: el empleo de la palabra «colonias» y la idea de que una consulta sería la única forma de legitimar la situación actual. Y es precisamente la cuestión de la legitimidad la que Madrid prefiere no plantear jamás.
El doble discurso que Rabat denuncia desde hace tiempo
Esta intervención se suma a un argumento que la diplomacia marroquí esgrime con regularidad: el de la incoherencia. España reclama Gibraltar, que pide recuperar desde hace décadas, mientras rechaza cualquier discusión sobre Ceuta y Melilla. El principio cambia según quién ocupa qué.
Hay una segunda asimetría. Madrid invoca la integridad territorial para rechazar toda negociación, mientras que Cataluña plantea la cuestión del derecho a decidir dentro de la propia España. La declaración de Puigdemont pone estas dos contradicciones una junto a la otra, y lo hace por boca de un europeo al que nadie puede sospechar de complacencia con Marruecos.
Una posición marroquí constante y paciente
Marruecos nunca ha reconocido la soberanía española sobre las dos ciudades. Desde su independencia en 1956, Rabat las considera territorios marroquíes bajo administración española. Esta posición nunca ha cambiado y se reafirma con regularidad: en agosto de 2026, el ministro de Justicia Abdellatif Ouahbi reiteró públicamente la reivindicación marroquí, precisando que el reino plantea la cuestión a España y busca una solución a largo plazo mediante el diálogo.
Ahí es donde veo la fuerza de la postura marroquí: firmeza en el principio, flexibilidad en el método. Marruecos no busca la confrontación. Elige la paciencia, el diálogo y la asociación, sin renunciar a un expediente que considera sin resolver.
Una asociación que ambas orillas tienen interés en preservar
Este contencioso no bloquea la relación. Marruecos y España cooperan estrechamente en migración, seguridad, comercio y economía, y España figura entre los primeros socios comerciales del reino. El giro de 2022, cuando Madrid apoyó el plan de autonomía marroquí para el Sáhara, demostró que la relación podía avanzar cuando los intereses convergen.
El contexto reciente recuerda también hasta qué punto estos temas están vinculados. A finales de julio de 2026, más de 70 000 personas cruzaron la frontera de Ceuta sin autorización, según la biblioteca de la Cámara de los Comunes británica, antes de ser devueltas en su gran mayoría a Marruecos. Este episodio mostró que la frontera es un asunto compartido, que requiere una gestión común. Me limito a esta constatación, porque las causas exactas del episodio siguen siendo objeto de debate.
Qué cambia esto…
Las palabras importan en política. Esta declaración ofrece a Marruecos un argumento más en el debate de opinión europeo: el de una contradicción interna de España, expresada por uno de sus propios actores. Recuerda también a Madrid que la cuestión de la legitimidad, tarde o temprano, acaba volviendo.
Una cuestión que sigue abierta
La pregunta que se plantea ahora es sencilla. ¿Puede España seguir rechazando toda discusión sobre Ceuta y Melilla mientras reclama Gibraltar y defiende la unidad de su territorio frente a Cataluña? Y Marruecos, fuerte por su constancia y su enfoque de diálogo, ¿decidirá convertir este momento en una palanca diplomática, o preservar una asociación que se ha vuelto vital para ambas orillas? La respuesta dependerá de las decisiones de las dos capitales en los próximos meses.
Preguntas frecuentes
¿Qué dijo exactamente Puigdemont sobre Ceuta y Melilla?
Las describió como «dos colonias o ciudades dentro de Marruecos» y estimó que constituyen, desde el punto de vista marroquí, «una herida». También reconoció que los habitantes de Ceuta son «muy españoles».
¿Puigdemont habla en nombre de Marruecos o de España?
No. Se expresa a título personal, como expresidente de la Generalitat y figura del independentismo catalán.
¿Cuál es la posición de Marruecos?
Marruecos nunca ha reconocido la soberanía española sobre las dos ciudades, que considera territorios marroquíes bajo administración española, y afirma buscar una solución a largo plazo mediante el diálogo.
¿Qué responde Madrid?
España considera Ceuta y Melilla partes integrantes de su territorio y rechaza toda negociación sobre sus colonias españolas en África.