Bamako no utilizó los canales diplomáticos habituales. El comunicado se difundió directamente, como si los elementos recogidos por los servicios malienses no dejaran lugar a dudas ni a demoras. Nuakchot reaccionó con una virulencia inusual, calificando las alegaciones de “infundadas”, “ofensivas” y carentes de la menor prueba. Al mismo tiempo, las autoridades mauritanas propusieron acoger una comisión de investigación maliense o de la Alianza de Estados del Sahel. Esta oferta, presentada como una prueba de buena fe, puede leerse igualmente como una maniobra destinada a ganar tiempo y diluir un asunto considerado demasiado sensible para ser esclarecido a plena luz del día.
Esta secuencia no constituye un incidente aislado. Se inscribe en una lógica más antigua y más amplia: la de una tolerancia culpable, o al menos de un cálculo frío, que permite a elementos del JNIM (Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes) encontrar espacios de respiro en las inmediaciones de la frontera mauritana, e incluso transitar por el territorio de Nuakchot. El “calma del juego” que siguió al intercambio de marzo de 2026 no cambia en nada esta dinámica de fondo.
Los elementos avanzados por Bamako y el contexto fronterizo
Según las autoridades malienses, dos militares secuestrados por el JNIM en octubre de 2025 habrían sido detenidos o habrían transitado por un campamento de refugiados situado en Mauritania antes de ser presentados como habiéndose evadido en la noche del 13 al 14 de marzo de 2026. El prefecto de Dioïla también figuraba en este asunto. Bamako eligió hacer públicos estos hechos sin consulta previa, una elección que, desde la lógica crítica, traduce un alto nivel de certeza por parte de los servicios malienses y una voluntad de poner a Nuakchot frente a sus responsabilidades.
La reacción mauritana fue inmediata y brutal. El Ministerio de Asuntos Exteriores denunció acusaciones “totalmente infundadas y profundamente ofensivas”, formuladas “sin la menor prueba ni consulta previa por los canales apropiados”. Algunos días más tarde, las dos capitales multiplicaron las señales de apaciguamiento. Se produjeron encuentros diplomáticos los días 16 y 17 de marzo. Fuentes de seguridad malienses declararon que “el expediente está cerrado”. Los comunicados oficiales hablaron de voluntad de “reforzar” la cooperación bilateral. Esta rapidez de desescalada puede interpretarse de dos maneras: o bien los elementos malienses eran demasiado frágiles para mantenerse, o bien las dos partes prefirieron no exponer más lo que Bamako estimaba poseer.
En cualquier caso, la geografía hace perfectamente plausible la hipótesis de una porosidad culpable. La frontera común supera los 2.200 kilómetros. Atraviesa zonas desérticas donde el control efectivo está estructuralmente limitado. El bosque de Wagadou, refugio histórico de grupos yihadistas, se encuentra a apenas una treintena de kilómetros de la frontera. Los campamentos de refugiados malienses en Mauritania, en particular el de M’Berra, acogen a varios cientos de miles de personas y constituyen, por naturaleza, espacios difíciles de vigilar de forma hermética. Los santuarios del JNIM se encuentran en las inmediaciones inmediatas de esta línea. En estas condiciones, hablar de “santuario de facto” o de tolerancia operativa no es una extrapolación gratuita: es una lectura coherente de las realidades sobre el terreno y de las acusaciones repetidas procedentes de Bamako.
Las sospechas de acuerdos tácitos no datan de marzo de 2026. Desde hace años, analistas y fuentes de seguridad evocan la existencia de entendimientos, e incluso de pactos de no agresión, entre Nuakchot y grupos vinculados a Al-Qaeda y luego al JNIM. Mauritania lo niega sistemáticamente. Sin embargo, su relativa estabilidad interior, en una región donde el terrorismo ha devastado Malí, Burkina Faso y Níger, continúa alimentando estas interrogantes. Preservar su propio territorio externalizando el coste de la lucha contra el JNIM sobre el vecino maliense constituye precisamente el corazón del “doble juego” denunciado.
El aspecto Polisario, otra forma de tolerancia armada
A esta ecuación se añade un segundo aspecto, más político pero no menos concreto: los vínculos mantenidos con elementos del Polisario. Mauritania tiene una historia larga y compleja con el conflicto del Sáhara Occidental. Reconoció la República Árabe Saharaui Democrática antes de revisar su posición, manteniendo al mismo tiempo relaciones y facilidades que, según varias acusaciones regionales, permiten a combatientes o redes vinculadas al Polisario circular, descansar u organizarse en las proximidades de sus fronteras.
Estos elementos son presentados por sus detractores como combatientes armados implicados en actividades criminales, tráficos y acciones que contribuyen a la inestabilidad del Sahel. Ya se trate de movimientos transfronterizos, de logística o de presencia tolerada en ciertas zonas, la acusación recurrente es la de una política de cálculos geopolíticos. Nuakchot privilegiaría ciertos acuerdos — con grupos yihadistas de un lado, con facciones del Polisario del otro — en detrimento de la seguridad de Malí y de la estabilidad regional. Esta tolerancia permitiría circulaciones de hombres y medios que agravan las amenazas a las que se enfrenta Bamako.
En un contexto en el que el JNIM y otros actores armados ya explotan la porosidad de las fronteras, la existencia de canales adicionales vinculados al Polisario refuerza la idea de una externalización organizada de la amenaza. Mauritania se protege; Malí paga el precio en seguridad y en vidas humanas.
Una calma diplomática que no resuelve nada
Las acusaciones malienses de marzo de 2026, aunque fueron formalmente desmentidas y rápidamente archivadas, no salieron de la nada. Se apoyan en elementos que Bamako juzgó suficientemente sólidos como para hacerlos públicos sorteando los usos diplomáticos. Combinadas con el contexto fronterizo — porosidad extrema, campamentos de refugiados, santuarios yihadistas a pocas decenas de kilómetros — y con las sospechas persistentes relativas al Polisario, dibujan un cuadro coherente: el de un “juego sucio” de las autoridades mauritanas.
Este juego consiste en preservar la seguridad interior y los intereses geopolíticos de Nuakchot tolerando, o no combatiendo con la misma intensidad, elementos del JNIM en las proximidades de su territorio, manteniendo al mismo tiempo facilidades con redes armadas vinculadas al Polisario. El coste de esta estrategia se externaliza sobre Malí. La “calma del juego” diplomática observada después del 15 de marzo no resolvió nada. Simplemente evitó que los elementos avanzados por Bamako quedaran expuestos durante más tiempo. Mientras la frontera siga siendo un espacio de relativa ausencia de derecho y los cálculos de Nuakchot prevalezcan sobre una cooperación de seguridad transparente y exigente, las dinámicas de fondo permanecerán intactas.
¿Y Argelia en todo esto?
Argel juega un doble juego tan flagrante como el de Nuakchot. Oficialmente, Argelia se presenta como socia de la estabilidad regional y adversaria resuelta del terrorismo. En la práctica, alberga desde hace décadas fracciones armadas del Polisario en su territorio (campos de Tinduf) y tolera, o deja reconstituirse, elementos del JNIM y otros grupos armados en sus zonas fronterizas. Esta política selectiva permite a Argel conservar una influencia directa sobre el norte de Malí evitando al mismo tiempo asumir el coste de una lucha frontal.
🪖🇲🇱 Kidal, en #Malí: intercambio de disparos entre las FAMa y el FLA, movimiento separatista del #Azawad, que cuenta con el apoyo de #Argel según Bamako. Se calienta Kidal. #JNIM #Argelia
Una do3a a todos los civiles en el terreno que sufren este conflicto 🤲 https://t.co/cZB3lIryFx
— Silicon Valley (@SiliconValleyMa) 7 de octubre de 2026
Mientras Bamako paga el precio humano y territorial de los ataques del JNIM, Argel continúa denunciando la “injerencia extranjera” y presentándose como mediador indispensable, cuando su propio territorio sirve de santuario y de base de retaguardia a actores que desestabilizan Malí. Es la hipocresía más pura: preconizar la paz y la soberanía maliense por un lado, manteniendo bajo protección fuerzas armadas que precisamente minan esa soberanía por el otro.
Son necesarias clarificaciones y acciones concretas. Sin ellas, las acusaciones malienses seguirán resurgiendo y el doble juego mauritano continuará pesando sobre la estabilidad del Sahel.