Cae así al puesto 11 de África, cuando en 2016 figuraba todavía entre los cinco primeros países receptores del continente. Creo que este retroceso debe leerse como una señal de alarma sobre la capacidad de Argelia para captar las divisas de sus propios ciudadanos en el extranjero, más que como una simple curiosidad estadística.
Un país que se descuelga mientras todos los demás avanzan
Entre 2016 y 2025, las transferencias registradas hacia Argelia retrocedieron alrededor de un 10 %, según el FIDA. En el mismo periodo, se dispararon un 123 % en Egipto, un 114 % en Marruecos y un 79 % en Túnez. En el conjunto de África, el aumento alcanza el 86 %. Es decir, el recurso existe, crece con fuerza entre los vecinos y Argelia ve pasar el tren.
La caída es aún más nítida si se parte de 2014, cuando las transferencias oficiales rondaban los 2.450 millones de dólares. Con 1.790 millones en 2025, la pérdida ronda los 660 millones de dólares, casi un 27 %, en un periodo en el que el fenómeno se disparó en todo el continente.
La clasificación africana de 2025 da la medida de la brecha:
- Egipto: 41.510 millones de dólares
- Nigeria: 22.780 millones de dólares
- Marruecos: 13.650 millones de dólares
- Túnez: 3.250 millones de dólares
- Argelia: 1.790 millones de dólares
Argelia sale así del top 10 africano. En 2025, las remesas equivalen aproximadamente al 57 % del valor de las exportaciones egipcias, al 18 % en Marruecos, al 12 % en Túnez, pero solo al 4 % en Argelia. En los países vecinos, este flujo actúa como un segundo pilar de divisas. En Argelia sigue siendo marginal.
La verdadera señal es que el dinero ya no pasa por los bancos
Conviene ser preciso, porque aquí está el núcleo del asunto. Estas estadísticas no demuestran que la diáspora envíe menos dinero. Muestran que cada vez pasa menos dinero por los canales oficiales. Lo que la diáspora envía en efectivo o mediante sistemas informales de compensación no se contabiliza en ninguna parte. Este matiz hace que el hallazgo sea más inquietante, no menos: probablemente siguen entrando divisas en Argelia, pero el Estado y el sistema bancario no tienen acceso a ellas.
La causa más citada es la brecha entre el tipo de cambio oficial del dinar y el que rige en el mercado paralelo.
Una brecha cambiaria que se ha ensanchado
Tomemos el euro, con referencias indicativas. En 2014, un euro valía unos 107 dinares al tipo oficial, frente a 155 o 160 dinares en el mercado paralelo. En 2025, el tipo oficial medio ronda los 149 dinares, mientras que el euro llegó a unos 274,5 dinares en el mercado paralelo en determinados momentos. Estas cotizaciones fluctúan: deben leerse como órdenes de magnitud.
En el mercado informal, el euro ha ganado así entre un 72 % y un 77 % en dinares, lo que corresponde a una pérdida de valor del dinar de entre el 42 % y el 44 % expresada en euros. Sobre todo, la diferencia entre ambos tipos, del orden del 45 % al 50 % en 2014, se acerca ahora al 84 %.
Por 1.000 euros, el canal oficial da unos 149.000 dinares y el mercado paralelo unos 274.500. La diferencia supera los 125.000 dinares. Mientras exista esta brecha, todo remitente que compare ambas opciones tiene un incentivo para esquivar los bancos. Convencer a un argelino residente en Francia o en Canadá de que use el canal oficial en estas condiciones es una tarea ardua.
Lo que puede costar esta fuga de divisas
Distingo lo que está establecido de lo que es un riesgo. Ninguno de estos escenarios tiene fecha y no pretendo predecir un calendario. Pero los mecanismos en juego están bien identificados.
Divisas que escapan al Estado. Las remesas constituyen un flujo de divisas relativamente estable, menos volátil que los precios del petróleo y del gas. Que sean captadas por canales paralelos en lugar de por los bancos priva al país de una fuente de suministro de divisas. En una economía donde los hidrocarburos dominan las exportaciones, esta dependencia sigue siendo una de las vulnerabilidades más señaladas por los economistas.
Un mercado paralelo que se afianza. Cuanto más se abastece de divisas la diáspora allí, más se convierte el tipo paralelo en la referencia real para millones de hogares. Este círculo es difícil de romper: cada euro que pasa por el canal informal refuerza su atractivo y debilita el del tipo oficial.
Presión sobre las importaciones y los precios. Si las divisas disponibles por los canales oficiales se hacen más escasas, la financiación de las importaciones se tensa, con riesgo de encarecimiento de los productos importados. Este mecanismo depende de muchos otros parámetros, entre ellos el nivel de las reservas de divisas, que no he verificado aquí y que habrá que actualizar con las cifras más recientes del Banco de Argelia.
Flujos fuera de todo control. Los sistemas informales de compensación escapan a la trazabilidad. Esto plantea interrogantes de seguridad financiera y de lucha contra el blanqueo de capitales, como ocurre con cualquier flujo no registrado, sin que ello permita concluir que la mayor parte de estas transferencias sea ilícita: se trata sobre todo de familias.
Hogares menos protegidos. Un envío realizado por el canal informal suele llegar, pero sin garantías ni recurso en caso de litigio, y a veces expone a sanciones según la normativa cambiaria.
Respuestas posibles, pero arbitrajes difíciles
En el debate público se plantean con regularidad varias vías: oficinas de cambio oficiales, cuentas en divisas más atractivas, una convergencia progresiva entre el tipo oficial y el paralelo. Cada una tropieza con objeciones serias. Sus partidarios insisten en la necesidad de captar los flujos antes de que desaparezcan definitivamente del circuito oficial. Sus detractores recuerdan que una depreciación del dinar oficial encarecería las importaciones y pesaría sobre el poder adquisitivo, y que el control de cambios también sirve para proteger las reservas. El caso de Egipto, que flexibilizó su régimen cambiario en 2024 y cuyas transferencias oficiales repuntaron con fuerza según numerosos analistas, alimenta a ambos bandos.
Para concluir
Lo que revelan las cifras del FIDA es una pérdida de confianza medible entre la diáspora y los circuitos financieros oficiales, en un contexto en el que los vecinos de Argelia sí logran atraer estos flujos. Cuanto más se asiente esta constatación, más difícil será invertir la tendencia. La pregunta abierta es de cuánto tiempo disponen las autoridades para actuar antes de que la costumbre de lo informal se vuelva irreversible.
Preguntas frecuentes
Por qué se desploman las remesas oficiales hacia Argelia
Según el FIDA, retrocedieron un 10 % entre 2016 y 2025, hasta 1.790 millones de dólares, mientras Egipto, Marruecos y Túnez registraban fuertes aumentos. La brecha entre el tipo de cambio oficial y el paralelo del dinar es la explicación más citada.
Envía realmente menos dinero la diáspora
No necesariamente. Las cifras solo cuentan los flujos oficiales. Una parte desconocida circula en efectivo o mediante sistemas informales, fuera de las estadísticas.
Qué consecuencias tiene para la economía argelina
El principal riesgo es una menor captación de divisas, en una economía dependiente de los hidrocarburos. Los efectos exactos dependen de otros factores, como las reservas de divisas y las políticas públicas, y no pueden fecharse.
Cómo se puede invertir la tendencia
Las vías planteadas se refieren al atractivo del tipo oficial, la apertura de oficinas de cambio y de productos en divisas para la diáspora. Todas ellas implican arbitrajes difíciles entre atractivo, poder adquisitivo y protección de las reservas.