El sector energético en Marruecos atraviesa un periodo de transformaciones profundas, marcado por una volatilidad sin precedentes en los precios mundiales. Comprender de dónde provienen las importaciones marroquíes de hidrocarburos se ha convertido en una prioridad absoluta para entender los desafíos de la soberanía nacional y el impacto directo en el bolsillo de los ciudadanos. Desde el cierre de la refinería de la SAMIR en 2015, el Reino ha modificado radicalmente su modelo de abastecimiento, pasando de la compra de petróleo crudo a la de productos ya refinados. Esta transición, aunque logística en su origen, sitúa hoy al país en el centro de un tablero geopolítico complejo donde cada tensión en Oriente Medio o en Europa del Este resuena de inmediato en las gasolineras de Casablanca o Marrakech.
En este contexto de transición energética y tensiones en las cadenas de suministro, Marruecos debe hacer malabarismos entre sus socios históricos y las nuevas oportunidades de mercado. La dependencia de las importaciones sigue siendo casi total para los combustibles fósiles, lo que hace que la economía marroquí sea particularmente sensible a las fluctuaciones del dólar y del precio del barril. Pero más allá de las cifras brutas, es la procedencia de estos recursos la que dibuja el nuevo mapa de la seguridad energética del país. Entre el Gasoducto Magreb-Europa funcionando en flujo inverso y la aparición de nuevos proveedores de gas butano, Marruecos diversifica sus fuentes para evitar cualquier rotura de stock que sea fatal para su industria y su crecimiento.
España un socio imprescindible para los productos refinados
España ocupa un lugar preponderante en el mix energético marroquí, representando hasta el 21% de las importaciones de productos petrolíferos. Esta cifra puede sorprender, ya que el vecino ibérico no es un país productor de petróleo ni de gas. Sin embargo, España dispone de una herramienta industrial de refinado extremadamente eficiente y de terminales de regasificación entre las más importantes de Europa. Concretamente, España compra petróleo crudo en los mercados mundiales, lo transforma en gasóleo o gasolina en sus propias refinerías y luego reexporta estos productos acabados a Marruecos. Esta proximidad geográfica reduce los costes de transporte y permite una gran flexibilidad en las entregas, convirtiendo a la península en una verdadera plataforma logística para el Reino.
La relación gasística entre ambos países también ha dado un giro histórico con la utilización del Gasoducto Magreb-Europa (GME) en flujo inverso desde 2021. Antiguamente, esta tubería transportaba el gas argelino hacia España a través del territorio marroquí. Hoy, tras las tensiones diplomáticas regionales, es el gas comprado por Marruecos en los mercados internacionales el que se descarga en los puertos españoles, se regasifica y se envía a las centrales eléctricas de Tahaddart y Aïn Béni Mathar a través de este mismo gasoducto. Este esquema técnico ilustra perfectamente la capacidad de adaptación de Marruecos ante las crisis geopolíticas imprevistas.
Sin embargo, esta dependencia respecto a un solo socio de tránsito conlleva riesgos. Si España tuviera que enfrentarse a una escasez interna o decidiera priorizar su propio consumo doméstico en caso de crisis mayor, Marruecos podría encontrarse en una situación delicada. Por esta razón, las autoridades marroquíes siguen explorando otras vías, al tiempo que consolidan este vínculo estratégico con Madrid, que sigue siendo, por ahora, el pilar de la seguridad energética del norte del país.
Los países del Golfo y Rusia pilares del abastecimiento energético
Más allá de la proximidad española, Marruecos mantiene vínculos históricos con las monarquías del Golfo, especialmente con Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Estos países no solo suministran recursos, sino que son socios estratégicos a largo plazo. Arabia Saudita, primer exportador mundial de petróleo, desempeña un papel regulador. A pesar de la ausencia de refinado local a gran escala en Marruecos, los productos petrolíferos saudíes llegan en forma refinada o a través de complejos acuerdos comerciales. Un punto interesante a destacar es la evolución de las infraestructuras saudíes, como el puerto de Yanbu en la costa oeste, que permite exportar productos a través del Mar Rojo, evitando así el estrecho de Ormuz, a menudo zona de fuertes tensiones.
Rusia también se ha consolidado como un actor principal del mercado marroquí, especialmente para el gasóleo. A pesar del tenso contexto internacional, Marruecos sigue abasteciéndose de Moscú para estabilizar sus reservas. El petróleo ruso, a menudo ofrecido a tarifas competitivas en ciertos segmentos, permite limitar la explosión de la factura energética nacional. Esta diversificación es esencial porque ofrece a Marruecos un margen de maniobra durante las negociaciones comerciales, evitando quedar prisionero de un proveedor único que podría imponer sus precios o sus condiciones de entrega.
Lista de los principales proveedores y productos importados
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España: Líder en gasóleo y gasolina refinados (21% de cuota de mercado).
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Estados Unidos: Primer proveedor de gas butano, esencial para los hogares marroquíes.
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Rusia: Importador clave de productos destilados y gasóleo a precios competitivos.
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Arabia Saudita: Socio histórico para diversos productos petrolíferos.
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Emiratos Árabes Unidos: Proveedor estratégico de productos petroquímicos.
Esta distribución muestra que Marruecos no apuesta por un solo caballo. Al multiplicar las fuentes, el Reino intenta diluir el riesgo geopolítico. Por ejemplo, si el gas butano proviene mayoritariamente de los Estados Unidos, esto protege al país de una eventual crisis en Europa o en Oriente Medio respecto a este recurso preciso, indispensable para la cocina y la calefacción de millones de familias marroquíes.
El impacto del cierre de la SAMIR en el modelo actual
No se puede hablar de las importaciones marroquíes de hidrocarburos sin mencionar la herida abierta que representa el cierre de la refinería de la SAMIR en Mohammedia en 2015. Antes de esta fecha, Marruecos importaba mayoritariamente petróleo crudo que transformaba él mismo en su suelo. Esta capacidad industrial ofrecía una cierta protección contra las fluctuaciones de los márgenes de refinado mundiales. Hoy, el país se ve obligado a comprar productos acabados: gasolina, gasóleo, queroseno para la aviación y productos petroquímicos para la industria. Esta situación hace que la factura energética sea aún más pesada, ya que Marruecos paga ahora el valor añadido del refinado realizado en el extranjero.
Esta dependencia de los productos refinados significa que Marruecos es tributario de la salud industrial de sus vecinos. Si las refinerías chinas o europeas deciden reducir sus exportaciones para satisfacer su demanda interna, como se ha observado recientemente con China, el mercado marroquí se tensa de inmediato. El almacenamiento se convierte entonces en la única palanca de seguridad. El gobierno y los distribuidores privados han tenido que invertir masivamente en capacidades de almacenamiento para garantizar al menos entre 60 y 90 días de consumo nacional, un desafío logístico permanente para evitar el desabastecimiento.
El debate sobre la reapertura de la SAMIR vuelve regularmente a la actualidad, impulsado por los sindicatos y ciertos partidos políticos. Para los partidarios de una reanudación de la actividad, esto permitiría reducir la factura de divisas y reconstruir una soberanía industrial. Para otros, el coste de modernización de la planta y las transiciones hacia la energía verde hacen que este proyecto sea menos pertinente. Mientras tanto, Marruecos sigue siendo un “importador de productos acabados”, un estatus que le obliga a una vigilancia constante sobre los precios del Platt’s (el mercado de referencia de los productos refinados).
La factura energética un desafío para los equilibrios macroeconómicos
La salud financiera de Marruecos está íntimamente ligada al precio del barril de petróleo. Para el ejercicio presupuestario actual, el gobierno había estimado inicialmente un precio medio del barril en torno a los 65 dólares. Sin embargo, la realidad del mercado es muy distinta, con picos que superan a veces los 100 dólares en función de las crisis internacionales. Esta brecha ensancha mecánicamente el déficit comercial. En 2022, la factura energética del Reino saltó hasta los 150.000 millones de dírhams, frente a una media habitual de unos 115.000 millones. Esta explosión de los costes tiene repercusiones en cascada: aumento de los precios en el surtidor, incremento de los costes de transporte de mercancías y, en última instancia, una inflación que pesa sobre el poder adquisitivo.
Para limitar el impacto en el consumidor final, el Estado interviene a través de la Caja de Compensación, pero solo para el gas butano y ciertos productos básicos. El combustible (gasolina y gasóleo) está liberalizado desde 2015. Esto significa que los precios en la estación reflejan directamente la realidad del mercado mundial. Cuando el petróleo sube en Londres o Nueva York, el ciudadano de Casablanca lo siente unos días después. Esta situación genera una fuerte presión social, obligando al gobierno a otorgar ayudas directas a los transportistas profesionales para evitar una parálisis de la economía o un repunte de los precios de los productos alimentarios.
El futuro sigue siendo incierto. Si las tensiones en el Mar Rojo o en Oriente Próximo se instalan en el tiempo, Marruecos podría ver su factura energética batir nuevos récords. Los analistas temen que esta situación coyuntural se convierta en estructural, frenando las inversiones públicas en otros sectores cruciales como la educación o la salud. La única salida viable a largo plazo sigue siendo la aceleración de la estrategia de energías renovables (solar, eólica, hidrógeno verde) para reducir, década tras década, esta dependencia de las moléculas fósiles importadas a precio de oro.
FAQ sobre las importaciones de energía en Marruecos
¿Por qué Marruecos importa su gas de España? Marruecos utiliza la infraestructura española para regasificar Gas Natural Licuado (GNL) comprado en los mercados mundiales. Este gas se envía luego a Marruecos a través del Gasoducto Magreb-Europa (GME) funcionando en sentido inverso, tras el cese de las entregas directas por parte de Argelia.
¿Cuáles son los riesgos de un aumento duradero del precio del petróleo? Un aumento sostenido provoca una explosión de la factura de divisas, un incremento de la inflación global y una presión creciente sobre el presupuesto del Estado para apoyar a los sectores más frágiles, como el transporte y la agricultura.
¿Produce Marruecos algo de petróleo en su territorio? La producción local es extremadamente marginal. A pesar de las numerosas campañas de exploración offshore y onshore, los descubrimientos actuales no permiten cubrir más de una fracción del 1% de las necesidades nacionales. El país sigue siendo casi totalmente dependiente de los mercados exteriores.
¿Cuál es el papel del gas butano en las importaciones? El gas butano es crucial porque se utiliza masivamente en los hogares para la cocina y en el sector agrícola. Estados Unidos se ha convertido en el principal proveedor de Marruecos para este producto específico, garantizando una seguridad de suministro estable.