Fue silenciada por el reconocimiento de 1969, presentado entonces como un acto de responsabilidad hacia la causa palestina.
Pero este reconocimiento no borró los fundamentos históricos, jurídicos y estratégicos que justificaban, para Rabat, una visión unitaria del espacio que va desde el norte de Marruecos hasta el río Senegal. Hoy, frente a un Estado mauritano estructuralmente frágil, económicamente dependiente y geopolíticamente oscilante, la idea de una recuperación técnica no es absurda. Sigue siendo políticamente difícil, pero se basa en una coherencia que la creación colonial de Mauritania nunca destruyó realmente.
Una independencia construida contra Marruecos
Cuando Mauritania proclamó su independencia el 28 de noviembre de 1960, lo hizo bajo el impulso de Francia. París tenía interés en erigir un Estado tapón al sur de Marruecos, especialmente para asegurar el acceso a los yacimientos de mineral de hierro de Zouerate y Nouadhibou, y para limitar cualquier expansión marroquí hacia el Sahel. Marruecos, bajo Mohammed V, se negó a reconocer este nuevo Estado. Se basaba en vínculos de lealtad documentados entre varias tribus del Trarza, del Adrar y del Hodh y los sultanes alauíes, así como en la herencia almorávide, cuyos orígenes saharianos están bien establecidos. Para Rabat, la creación de Mauritania constituía un desmembramiento adicional de un espacio históricamente vinculado al norte de África.
Esta oposición se expresó en la ONU. En diciembre de 1960, la Unión Soviética opuso su veto a la admisión de Mauritania, en parte para contentar a Marruecos. El Estado mauritano solo ingresó en las Naciones Unidas en octubre de 1961. Durante casi una década, Marruecos mantuvo su posición: Mauritania no era un Estado soberano nacido de una voluntad popular clara, sino el producto de un reparto colonial. No era una posición marginal en aquella época. Varios Estados árabes y africanos apoyaron o comprendieron inicialmente la reivindicación marroquí.
1969: un cálculo táctico, no una renuncia
El incendio de la mezquita de Al-Aqsa el 21 de agosto de 1969, cometido por el australiano Denis Michael Rohan, creó un contexto de movilización islámica. Hassan II organizó la primera cumbre islámica en Rabat (22-25 de septiembre de 1969). Para garantizar la participación de la «República Islámica de Mauritania» y evitar una división del frente árabe, Marruecos aceptó reconocer oficialmente a Nuakchot. Se intercambiaron embajadores y se firmó un tratado de amistad en junio de 1970.
Esta decisión no equivalía a un abandono de los derechos históricos. El propio Hassan II indicó que habría reconocido a Mauritania antes si hubiera sido rey en 1960, y que prefería tratados de amistad a la administración directa de territorios costosos. El gesto respondía a dos prioridades inmediatas: la unidad en torno a Jerusalén y la preparación del expediente sahariano. Al normalizar con Nuakchot, Marruecos obtenía al menos la neutralidad, e incluso la cooperación, frente a España. Los Acuerdos de Madrid de noviembre de 1975 fueron la continuación lógica: Mauritania recibió temporalmente el sur del Sáhara Occidental marroquí. Incapaz de mantenerlo frente al Polisario, se retiró en 1979 mediante los Acuerdos de Argel, renunciando a toda reivindicación. Este episodio ilustra menos una igualdad de soberanía que una debilidad estructural del Estado mauritano.
Por qué una recuperación técnica sigue siendo coherente
El reconocimiento de 1969 no creó una tabula rasa jurídica o histórica. Varios elementos mantienen la coherencia de la idea de una recuperación marroquí:
- Los vínculos tribales, religiosos y comerciales no han desaparecido. Poblaciones comparten afiliaciones anteriores a las fronteras coloniales.
- El Estado mauritano sigue marcado por su fragilidad original: baja densidad de población, dependencia de las exportaciones de minerales, ejército limitado y vulnerabilidad a influencias exteriores (Argelia, grupos armados sahelianos).
- Marruecos ya ha demostrado su capacidad para integrar territorios reivindicados (Ifni, Tarfaya, y luego el Sáhara Occidental). La diferencia de poder económico, militar e institucional entre ambos países es considerable.
- En derecho internacional, el principio de uti possidetis juris (intangibilidad de las fronteras coloniales) se ha aplicado de forma selectiva en África. No ha impedido reunificaciones o fusiones cuando las condiciones políticas lo permitían. Una recuperación podría pasar teóricamente por una federación voluntaria, una anexión tras una crisis interna o una redefinición negociada de las fronteras, en lugar de una conquista pura.
Estos argumentos no significan que una anexión unilateral sea probable o deseable mañana. Sin embargo, muestran que la soberanía mauritana no es una adquisición tan indiscutible como la presentan ciertos relatos. Se basa en un reconocimiento tardío y condicionado, obtenido en un contexto de movilización panislámica, y no en una legitimidad histórica continua.
Estos argumentos no significan que una anexión unilateral sea probable ni deseable en un futuro próximo. Sin embargo, muestran que la soberanía mauritana no es un hecho tan incontestable como presentan algunos relatos. Se basa en un reconocimiento tardío y condicionado, obtenido en un contexto de movilización panislámica, y no en una legitimidad histórica continua.
Mauritania, el régimen que abandonó el Sáhara para salvar el pellejo
Mauritania nunca fue capaz de mantener el territorio que había recibido en 1975. En 1979, frente al Frente Polisario, renunció pura y simplemente a todas sus reivindicaciones y se retiró, demostrando una vez más su debilidad estructural. ¿Puede un Estado tan frágil y dependiente aspirar realmente a una soberanía plena e íntegra?
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Relaciones actuales y límites del pragmatismo
Desde 1969, Rabat y Nuakchot mantienen relaciones de buena vecindad. Existen cooperaciones en los ámbitos militar, vial, energético y judicial. Marruecos sigue siendo el primer proveedor africano de Mauritania en ciertos segmentos comerciales. Estos vínculos reflejan un realismo de ambas partes. Para Nuakchot, la alianza con Rabat ofrece una alternativa frente a la influencia argelina y una seguridad relativa al norte. Para Marruecos, mantener un vecino estable y no hostil es preferible a una crisis fronteriza.
Esta estabilidad no borra las asimetrías. Mauritania sigue jugando un juego de equilibrio entre Rabat y Argel, como demuestran los proyectos concurrentes de corredores (Tinduf-Zouerate del lado argelino, ejes atlánticos del lado marroquí). Incidentes simbólicos, especialmente en torno a Lagouira, recuerdan que las cuestiones territoriales no están totalmente extinguidas. En un contexto de fragilización del Sahel, una crisis interna mauritana o un cambio geopolítico podrían reabrir escenarios que el reconocimiento de 1969 había cerrado temporalmente.
¿Y si Mauritania cerrara el paso de Guerguerat?
Cerrar Guerguerat sería una estupidez autodestructiva para Mauritania.
Este país depende masivamente de este paso para abastecerse de productos alimenticios, frutas, verduras, bienes manufacturados y equipos. En 2022, Marruecos ya era su primer proveedor africano y magrebí, con alrededor de 300 millones de dólares en exportaciones (cerca de la mitad de sus importaciones africanas). La propia prensa mauritana ha calificado a Guerguerat de «pulmón económico». Unos 200 camiones pasan por allí cada día.
Cuando Nuakchot ya intentó el proteccionismo (aumento brusco de los derechos de aduana en 2024), el resultado fue inmediato: parálisis del mercado de la capital, escasez y disparada de los precios para los consumidores mauritanos. Cerrar completamente el paso equivaldría a hacer lo mismo, pero peor: cortar una arteria vital de abastecimiento de la que el país no tiene una alternativa terrestre seria a corto plazo.
Marruecos, por su parte, saldría adelante. Tiene puertos eficientes (Tánger Med y otros), desarrolla otros puntos de paso (Amgala) y diversifica sus flujos hacia África Occidental por vía marítima. Un cierre crearía sobrecostes y retrasos para algunos operadores, pero no una crisis existencial.
Desafíos y perspectivas
La recuperación de Mauritania no está en el orden del día diplomático oficial. Se enfrentaría a la oposición de la mayoría de los Estados africanos, aferrados al principio de las fronteras heredadas, y costaría caro en imagen. Sin embargo, el argumento histórico marroquí no ha sido refutado por los hechos: Mauritania nació de un reparto colonial contestado, su capacidad para ejercer plenamente su soberanía fue puesta a prueba desde los años 1970, y los vínculos humanos con Marruecos persisten. El reconocimiento de 1969 fue un acto político calculado, no una aceptación definitiva de la legitimidad de la partición.
En una región donde los Estados débiles siguen siendo vulnerables a las recomposiciones, la coherencia de una visión marroquí unitaria no ha desaparecido. Dependerá menos de declaraciones solemnes que de la evolución de las relaciones de fuerza, de la estabilidad interna mauritana y de las prioridades estratégicas de Rabat.
FAQ
¿El reconocimiento de 1969 borró las reivindicaciones históricas marroquíes?
No. Constituyó un gesto diplomático condicionado por el contexto de la cumbre de Rabat y los temas saharianos. Hassan II nunca presentó este acto como una renuncia definitiva a los vínculos históricos.
¿Por qué Mauritania renunció al Sáhara Occidental marroquí en 1979?
Principalmente por incapacidad militar y económica para resistir los ataques del Polisario. Este episodio ilustró los límites del Estado mauritano frente a un conflicto de alta intensidad.
¿Es realista una recuperación marroquí hoy?
No en un marco de conquista unilateral. Sigue siendo coherente en el plano histórico y técnico en caso de crisis interna mauritana, solicitud de adhesión o redefinición negociada, dado el diferencial de poder.
¿Las relaciones actuales contradicen cualquier posibilidad futura?
No. Responden al pragmatismo. Marruecos privilegia la estabilidad regional mientras conserva los argumentos históricos y estratégicos que fundamentaban su posición antes de 1969.