No es el guion de una serie satírica: es lo que ocurrió en Madrid el martes 29 de septiembre de 2026.
El tratado de amistad franco-español fue rechazado en el Senado por 142 votos contra 106 y una abstención. La votación llegó justo cuando Felipe VI y la reina Letizia recibían a Emmanuel Macron en el Palacio Real, en la primera visita de Estado de un presidente francés a España desde 2009. Considero el episodio caótico y la humillación real, aunque el rey no sea su autor.
Una votación a quinientos metros de la cena de gala
Primero, los hechos. Los 142 votos en contra proceden del Partido Popular (PP), que tiene mayoría absoluta en la Cámara Alta, y de Vox. PSOE, Junts, ERC y EH Bildu votaron a favor, UPN se abstuvo y el BNG no participó en la votación. Según la prensa española, el Senado se encuentra a unos quinientos metros del Palacio Real, donde comenzaba la cena.
El rey no era el objetivo de la votación y no tiene ningún poder sobre ella. Pero era quien recibía, y su mesa sirvió de escenario a este desmentido. En una visita de Estado, el anfitrión encarna simbólicamente la palabra de su país. Cuando el Parlamento contradice en público el mensaje de amistad, queda dañada la imagen del conjunto del Estado, empezando por la de la Corona.
Tres años y ocho meses para fracasar
El tratado lo firmaron en Barcelona, el 19 de enero de 2023, Pedro Sánchez y Emmanuel Macron. Francia lo ratificó en marzo de 2025. España nunca ha logrado hacerlo.
La trayectoria del texto resume el desorden:
- Mayo de 2025: el PP hace caer el texto en el Congreso y lleva después el tratado al Tribunal Constitucional a través del Senado.
- 18 de junio de 2026: el Congreso lo autoriza al fin, con 175 votos a favor, 170 en contra y una abstención.
- 9 de julio de 2026: el Senado plantea de nuevo una consulta al Constitucional, lo que paraliza otra vez el trámite.
- 23 de septiembre de 2026: el Constitucional dictamina, por unanimidad, que la disposición cuestionada no vulnera la Constitución.
- 29 de septiembre de 2026: el Senado rechaza el tratado a pesar de todo, siete días después, en plena visita de Estado.
Un socio que firma en 2023 y sigue sin ratificar a finales de 2026 envía una señal clara: su firma vale poco mientras su política interna no esté resuelta. A eso lo llamo amateurismo.
Un desacuerdo constitucional resuelto, un voto mantenido
La disputa gira en torno al artículo 2.4, que prevé que un miembro del gobierno de cada país sea invitado a participar en el Consejo de Ministros del otro al menos una vez por trimestre. El PP ve en ello un problema constitucional. Madrid y París acordaron entonces una interpretación según la cual esa presencia se produciría «al margen» de las reuniones formales.
El Tribunal Constitucional, consultado a petición del propio Senado, avaló esa lectura por unanimidad. El PP mantuvo, sin embargo, su rechazo, alegando una cesión de carácter político que no comparte. La senadora Pilar Rojo aseguró que este voto no cuestiona a Francia como «amigo, vecino y socio».
Quiero creerla. Pero entonces, ¿por qué votar en contra precisamente el día de la visita? No se puede pretender defender una relación y elegir la fecha más dañina para escenificar el desacuerdo. El PP podría haber logrado un aplazamiento, negociado un calendario o expresado su reserva de otra forma. Prefirió el estruendo.
El Gobierno de Sánchez no queda libre de culpa
El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, reaccionó al día siguiente en un hilo en X. Acusa al PP de «sabotear» el tratado, de actuar «en contra del beneficio de los españoles» y de carecer de «sentido de Estado, ni sentido de la amistad y la cooperación europea». El grupo socialista del Senado habló de «perseverancia en la irresponsabilidad».
Los reproches son atendibles, pero no bastan para absolver al Ejecutivo. Un Gobierno que sabe desde hace meses que el Senado le es hostil y que, aun así, mantiene una visita de Estado anunciada el 14 de septiembre sin haber asegurado el calendario, tiene su parte de responsabilidad. En una democracia parlamentaria, quien no controla la Cámara Alta debe anticipar sus votos, no padecerlos en directo delante de su invitado.
El resultado es que ambos bandos se echan la culpa, mientras Francia asiste a un choque de política interna que no ha elegido.
Macron salvó la noche, no el tratado
Emmanuel Macron evitó cualquier crispación. En su discurso en el Palacio Real afirmó, en español, su convicción de que el texto acabará saliendo adelante: «Lo alcanzaremos». Recordó los cerca de 360 acuerdos alcanzados con España durante sus mandatos y brindó por la amistad entre ambos países.
Es buena diplomacia, y también un contraste cruel. Quien debería salir debilitado del episodio es el más sereno de la velada, mientras sus anfitriones intentan explicar cómo su propio Parlamento saboteó su propio mensaje.
La realidad jurídica tampoco es alentadora para Madrid. Según la prensa española, el rechazo del Senado hace imposible la ratificación, salvo que se modifique el texto y se remita de nuevo a las Cortes. Y enmendar un tratado ya ratificado por Francia obligaría a repetir todo el proceso en ambos países. Es decir, años más.
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Lo que le cuesta a España
En el plano estratégico, lo que está en juego va más allá del símbolo. París busca consolidar sus alianzas en el sur de Europa para no depender únicamente del eje franco-alemán. El tratado debía instaurar cumbres gubernamentales anuales y un marco estable en defensa, energía, transportes y cooperación transfronteriza. Un acuerdo distinto de defensa, firmado también en Barcelona en 2023, ya está en vigor desde el 1 de agosto de 2025. La relación no se derrumba, por tanto.
Pero la credibilidad sí se resiente. Lo que quedará en Bruselas y en las cancillerías es la imagen de un país incapaz de ratificar un texto negociado por su propio Gobierno, con un Senado que lo desautoriza el día de la visita del firmante. En un momento en que Madrid reclama más solidaridad europea sobre la frontera de Ceuta, no es el mejor argumento que esgrimir.
Escribo esto sin hostilidad hacia los españoles, cuya amistad con Francia es antigua y sincera. El problema está en otra parte: una clase política que convierte la política exterior en un campo de batalla partidista se expone a noches como la del 29 de septiembre.
Preguntas frecuentes
¿Por qué se habla de humillación para el rey Felipe VI?
Porque recibía a Emmanuel Macron en el Palacio Real mientras el Senado rechazaba el tratado de amistad. El rey no es responsable de la votación, pero el anfitrión encarna simbólicamente la imagen de su país.
¿Qué le reprocha el PP a este tratado?
El artículo 2.4, sobre la participación de ministros extranjeros en los Consejos de Ministros. El Tribunal Constitucional lo consideró conforme a la Constitución, por unanimidad.
¿Puede todavía ratificarse el tratado?
Solo mediante una modificación del texto, un acuerdo con Francia y un nuevo trámite ante las Cortes, según la prensa española.
¿Está amenazada la relación franco-española?
No, otros acuerdos siguen aplicándose. El episodio debilita sobre todo la imagen de fiabilidad de España.