El Silicon Valley de Hong Kong está surgiendo literalmente sobre las ruinas de decenas de aldeas tradicionales. Desde hace varios meses, las excavadoras avanzan sin descanso por los Nuevos Territorios, al norte de Hong Kong, preparando el terreno para un proyecto colosal de 30.000 hectáreas conocido como “Northern Metropolis”. Llevo mucho tiempo siguiendo las grandes transformaciones urbanas de Asia, y esta tiene algo especialmente brutal: al menos 25 aldeas van a desaparecer para dejar paso a lo que las autoridades presentan como el futuro motor económico del territorio.
Detrás de las cifras oficiales hay rostros concretos. Entre ellos, el de un jubilado que esperaba pasar sus últimos años en la casa de ladrillo donde creció, como tantos habitantes de estas aldeas rurales. Su situación resume bastante bien lo que está en juego: por un lado, una ambición tecnológica y geopolítica descomunal; por otro, comunidades rurales que, a ojos de la administración, simplemente no tienen suficiente valor patrimonial como para ser respetadas.
Un proyecto titánico de 30.000 hectáreas
Anunciado en 2021, el Northern Metropolis debe abarcar casi un tercio del territorio hongkonés. Aldeas, humedales y extensas tierras agrícolas se están transformando en zonas residenciales e industriales de alta tecnología. El objetivo declarado por el gobierno local es vertiginoso: 650.000 empleos y viviendas para hasta 2,5 millones de personas.
El coste, como siempre, depende de quién haga los cálculos. El gobierno de Hong Kong lo estima en unos 24.600 millones de euros. Una importante agencia de calificación internacional, más prudente, habla de una cifra casi el doble: más de 39.500 millones de euros. Una diferencia que no es menor, sabiendo que las finanzas públicas de Hong Kong ya llevan varios años bajo vigilancia.
Lo que más llama la atención es el horizonte temporal que se han marcado las autoridades. La apuesta es que este polo tecnológico llegue a representar hasta el 13% del PIB hongkonés dentro de dos décadas. Un horizonte lejano para un proyecto que, desde ya, está transformando profundamente el paisaje rural de la región.
Por qué se eligió esta ubicación
Los Nuevos Territorios fueron elegidos por una razón geográfica evidente: constituyen el punto de unión entre Hong Kong, Macao y nueve ciudades chinas vecinas, dentro de lo que se conoce como la Gran Bahía. En otras palabras, no se trata solo de un proyecto inmobiliario hongkonés, sino de una pieza de un rompecabezas regional mucho más amplio, pensado para reforzar los vínculos económicos entre estos territorios.
Por qué no se respetan las aldeas tradicionales
Este es probablemente el punto más delicado de todo el asunto. Varios departamentos del gobierno local han reconocido su intención de incorporar zonas rurales enteras al plan de desarrollo. Pero cuando se trata de justificar la demolición de las casas ancestrales, el argumento es siempre el mismo: estos edificios no tendrían suficiente valor cultural como para justificar su conservación.
Es una postura que genera dudas, sobre todo entre los defensores del patrimonio local. Estas aldeas de ladrillo, muchas veces con generaciones de antigüedad, cuentan una historia agrícola y comunitaria propia de los Nuevos Territorios. Tratarlas como simples obstáculos para un plan urbanístico equivale, para muchos residentes, a borrar parte de la memoria colectiva de la región.
Una organización local especializada en temas de derechos sobre la tierra resume bien la preocupación general: construir una ciudad completamente nueva sobre un territorio que hasta ahora se había conservado será inevitablemente destructivo, sin importar qué medidas de mitigación se apliquen. La pregunta incómoda que se plantea es sencilla: ¿realmente era necesario construir a una escala tan masiva?
El coste humano y ecológico del proyecto
Más allá del argumento patrimonial, varias organizaciones ambientales advierten sobre las consecuencias concretas de esta enorme obra. Las zonas afectadas incluyen humedales y tierras agrícolas que albergan una biodiversidad local relevante, incluidas especies de aves migratorias que atraviesan esta parte del delta del río de las Perlas.
Estos son los principales puntos de tensión identificados por las ONG y los habitantes afectados:
- La desaparición de decenas de aldeas tradicionales y de su tejido social, muchas veces formado por familias establecidas allí durante generaciones.
- El impacto sobre humedales sensibles, esenciales para ciertas especies de aves migratorias.
- El coste financiero público, con una diferencia notable entre las estimaciones gubernamentales y las de las agencias de calificación independientes.
- El calendario de reubicación de los residentes, que varias asociaciones locales consideran poco claro.
- La cuestión de las compensaciones para los propietarios y agricultores desplazados.
Estos elementos dan una idea de la magnitud de lo que está en juego. No hablamos simplemente de un proyecto inmobiliario, sino de una reconfiguración profunda de todo un territorio, con consecuencias que irán mucho más allá de las aldeas demolidas.
Qué espera China de este Silicon Valley de Hong Kong
Es difícil entender la magnitud del proyecto sin situarlo en su contexto político. Los intentos de una mayor integración entre Hong Kong y la China continental han generado durante mucho tiempo una fuerte oposición en la antigua colonia británica. Pero la ley de seguridad nacional impuesta por Pekín en 2020, tras las grandes protestas prodemocráticas, ha silenciado en gran medida las voces discrepantes.
Varios especialistas en geopolítica china describen este cambio sin rodeos: la ley ha puesto fin, en la práctica, al principio de “un país, dos sistemas” que hasta entonces otorgaba a Hong Kong un alto grado de autonomía. Dentro de esta lógica, una mayor integración económica y territorial con la China continental resulta casi una consecuencia natural.
También llama la atención la comparación con el ritmo de desarrollo tecnológico observado en otras zonas de China continental. Polos como el de Hangzhou, cuna de Alibaba, se desarrollan hoy a un ritmo notablemente superior, impulsados por inversiones masivas en actores de inteligencia artificial y robótica. El Northern Metropolis se posiciona claramente como el intento de Hong Kong de no quedarse atrás frente a este impulso continental.
Mi mirada como viajero sobre estas transformaciones urbanas
Hace algunos años, antes de que este proyecto se lanzara oficialmente, tuve la oportunidad de recorrer algunas de estas aldeas de los Nuevos Territorios durante un viaje a Hong Kong. Lo que más me sorprendió en aquel momento fue el contraste tan marcado entre los rascacielos de la isla y estas aldeas de ladrillo rodeadas de arrozales y colinas, a apenas unas estaciones de metro del centro de la ciudad.
Ese tipo de contraste está desapareciendo, y no solo en Hong Kong. He visto dinámicas parecidas en Nepal y en el sudeste asiático, donde regiones rurales enteras se sacrifican en nombre de un desarrollo económico considerado prioritario. Nunca es cómodo verlo de primera mano, porque detrás de las estadísticas de PIB siempre hay personas profundamente ligadas a un lugar concreto, para quienes ninguna compensación económica sustituye realmente lo que pierden.
No pretendo tener una solución milagrosa para este tipo de dilema, que enfrenta el desarrollo económico con la preservación del patrimonio rural. Pero creo que, como alguien que viaja y observa estas regiones con frecuencia, es importante no reducir un proyecto de este tipo a su sola dimensión económica o tecnológica.
Preguntas frecuentes sobre el Silicon Valley de Hong Kong
¿Qué es exactamente el Northern Metropolis? Es un enorme proyecto de desarrollo urbano y tecnológico lanzado por el gobierno de Hong Kong en 2021, que debe abarcar unas 30.000 hectáreas en los Nuevos Territorios y convertirse en un nuevo polo económico importante para la región.
¿Cuántas aldeas serán demolidas para este proyecto? Según una organización local especializada en derechos sobre la tierra, al menos 25 aldeas tradicionales serán arrasadas como parte de este desarrollo, sin contar las tierras agrícolas y los humedales también afectados.
¿Cuál es el coste real del proyecto? Las estimaciones varían mucho: el gobierno de Hong Kong lo sitúa en unos 24.600 millones de euros, mientras que una importante agencia de calificación internacional lo estima en más de 39.500 millones de euros.
¿Por qué este proyecto es políticamente sensible? Porque se inserta en un contexto de mayor integración entre Hong Kong y la China continental, en un clima marcado desde 2020 por la ley de seguridad nacional, que ha reducido considerablemente el margen para la oposición local.