La energía solar en Marruecos ya no cabe en un folleto institucional, se puede ver literalmente desde la carretera. Si conduces hacia Ouarzazate o bajas hasta Laâyoune, el desierto deja de parecer vacío: está cubierto de espejos, paneles y turbinas que giran lentamente con el viento atlántico. Estas dos ciudades, una a las puertas del Sáhara, la otra en las provincias del sur, se han convertido en los dos pilares de una estrategia energética que Marruecos lleva construyendo desde hace más de una década. Yo he pasado por ambas varias veces mientras preparaba treks en el Atlas y bajaba hacia la costa sur, y cada vez el paisaje había cambiado un poco más. Este artículo cuenta cómo estos dos territorios, tan distintos entre sí, están ayudando a iluminar todo un país.
Ouarzazate, el laboratorio solar de Marruecos
Ouarzazate no se eligió al azar. Esta ciudad, conocida por los viajeros por sus estudios de cine y como puerta de entrada al desierto, disfruta de una insolación excepcional, con más de 2.600 horas de sol al año y cielos despejados la mayor parte del tiempo. Eso fue lo que llevó a Marruecos, a partir de 2013, a construir allí lo que acabaría siendo uno de los mayores complejos solares termodinámicos del mundo.
El complejo Noor Ouarzazate se extiende sobre unas 3.000 hectáreas al noreste de la ciudad, en el municipio rural de Ghessate. No se construyó de golpe, sino por fases sucesivas, cada una con su propia tecnología. Ese enfoque progresivo explica en parte por qué el sitio sigue atrayendo a ingenieros de otros países que vienen a estudiarlo.
El complejo Noor, una acumulación de tecnologías
La primera fase, Noor I, entró en funcionamiento en febrero de 2016 con una capacidad de 160 MW mediante tecnología CSP de canal parabólico, en la que filas de espejos curvos concentran la luz solar sobre un tubo lleno de fluido caloportador. Noor II le siguió con 200 MW, y después Noor III con 150 MW en tecnología de torre, un sistema distinto en el que cientos de espejos orientables reflejan la luz hacia un receptor central. Noor IV, más modesta con 72 MW, introdujo la fotovoltaica convencional, más parecida a lo que hoy se instala en los tejados.
En total, el complejo alcanza una potencia de más de 580 MW, lo que lo convierte en una de las mayores instalaciones solares termodinámicas del planeta. Su rasgo distintivo es el almacenamiento térmico: algunas plantas del sitio pueden conservar el calor durante varias horas y seguir generando electricidad después de la puesta de sol, algo que un panel fotovoltaico convencional no puede hacer. Según los datos publicados por la agencia marroquí de energía sostenible, Masen, el complejo abastece al equivalente de casi dos millones de marroquíes y evita cada año cientos de miles de toneladas de emisiones de CO2.
Lo que vi conduciendo hacia Ghessate
Recuerdo perfectamente la primera vez que vi los espejos de Noor III desde la carretera que sube hacia el puerto de Tichka. Al principio se distingue algo parecido a un reflejo, como un lago a lo lejos, y al acercarse uno entiende que son decenas de miles de paneles orientados hacia el cielo. Un taxista de Ouarzazate me contó una vez que el proyecto había traído ingenieros, obreros y familias enteras a una ciudad que hasta entonces vivía sobre todo del turismo y del cine. Ese tipo de testimonio local suele decirme más que cualquier cifra oficial: un megaproyecto así cambia de verdad la vida de una ciudad mediana al borde del desierto.
Laâyoune, donde el viento se une al sol
Si Ouarzazate es el símbolo visible de la energía solar marroquí, Laâyoune cumple un papel distinto, más discreto pero igual de estratégico. La ciudad, capital de las provincias del sur, tiene algo que Ouarzazate no tiene: vientos atlánticos constantes, que superan de media los 11 metros por segundo en algunos emplazamientos, un dato que la convierte en una de las regiones más favorables del mundo para combinar solar y eólica.
Noor Laâyoune y Noor Boujdour, el punto de partida
Las primeras instalaciones solares de la región, Noor Laâyoune I y Noor Boujdour I, entraron en servicio en 2018 dentro del programa Noor PV I. Son modestas comparadas con el complejo de Ouarzazate, con unos 80 MW en Laâyoune y 20 MW en Boujdour, pero sentaron las bases de un ecosistema industrial local y demostraron que la fotovoltaica podía funcionar en una zona que antes apenas contaba con infraestructura. Desde entonces, el programa Noor PV II, anunciado con una capacidad total de 800 MW repartida en varios emplazamientos del reino, entre ellos Laâyoune y Boujdour, ha tomado el relevo, y un proyecto de ampliación llamado Noor Boujdour II, de unos 350 MW, debería multiplicar de forma notable la capacidad instalada en la región.
La apuesta por lo híbrido solar-eólico en las provincias del sur
Lo que realmente distingue a Laâyoune es el enfoque híbrido que están siguiendo los promotores en la zona. Al combinar solar, eólica y, cada vez más, almacenamiento en baterías, el objetivo ya no es solo generar electricidad durante las horas de sol, sino ofrecer una potencia estable, casi comparable a la de una central convencional, disponible buena parte del día y de la noche. Los parques eólicos cercanos de Tarfaya, Foum El Oued y Akhfennir, que suman varios cientos de megavatios, se inscriben en la misma dinámica regional. Un responsable de la promotora ACWA Power, citado en la prensa especializada, describía estos emplazamientos como una prueba de que las energías renovables ya pueden aportar carga base, y no ser solo un complemento a la red eléctrica convencional.
Por qué estas dos ciudades concentran tantos proyectos
Cabe preguntarse por qué Marruecos ha decidido concentrar tanta inversión en dos ciudades en lugar de repartir los proyectos por todo el país. La respuesta combina varios factores que rara vez se dan juntos en otro lugar del reino.
- Una insolación directa entre las más altas del continente africano, con muy pocos días nublados durante todo el año
- Grandes extensiones de terreno poco pobladas y difícilmente cultivables, disponibles para instalaciones a gran escala sin competir con la agricultura
- Una proximidad relativa a la red eléctrica nacional, lo que limita las pérdidas durante el transporte de la electricidad
- Una voluntad política clara desde el Plan Solar Marroquí lanzado en 2009, con un objetivo oficial del 52 % de capacidad instalada renovable de aquí a 2030
- Un potencial de desarrollo económico local, con creación de empleo cualificado y no cualificado durante la construcción y luego la explotación de los emplazamientos
Esta combinación explica por qué Ouarzazate y Laâyoune se han convertido, casi sin proponérselo, en las dos capitales extraoficiales de la transición energética marroquí.
Las cifras que impresionan en 2026
Es difícil hablar de energía solar sin apoyarse en datos concretos, aunque cambien deprisa en un sector tan dinámico. La solar representa hoy en torno al 6 % de la electricidad generada en Marruecos, una parte todavía modesta frente a la hidroeléctrica o la térmica convencional, pero que crece cada año con la puesta en marcha de nuevas fases. Solo el complejo de Ouarzazate habría requerido una inversión estimada en más de dos mil millones de dólares, financiada con una combinación de fondos públicos marroquíes, préstamos de organismos internacionales como el Banco Mundial o la Agencia Francesa de Desarrollo, y alianzas con operadores privados.
A escala nacional, Marruecos apunta ahora a un mix eléctrico mayoritariamente renovable, combinando solar, eólica e hidráulica, con la ambición declarada de convertirse en exportador de electricidad verde hacia Europa a través de interconexiones submarinas actualmente en estudio. No es casualidad que proyectos tan ambiciosos como el cable eléctrico submarino, impulsado por inversores privados, que uniría Marruecos con el Reino Unido hayan surgido en el mismo momento: el país busca claramente convertir su ventaja climática en una posición estratégica dentro del mercado energético europeo.
Los límites que no aparecen en los folletos
Un artículo honesto sobre este tema no puede quedarse solo en las cifras favorables. He hablado con varias personas que trabajan en el sector de las renovables en Marruecos, y el panorama que describen es más matizado que el que se presenta en las inauguraciones oficiales.
El agua, el recurso que se olvida
La tecnología CSP que se usa en Ouarzazate, la de los espejos que concentran el calor, necesita agua para refrigerar las instalaciones y limpiar regularmente las superficies reflectantes expuestas al polvo del desierto. En una región con estrés hídrico estructural, esa paradoja aparece con frecuencia en las críticas al complejo, aunque las fases más recientes han adoptado sistemas de refrigeración por aire, que consumen mucha menos agua. Es un detalle que rara vez se menciona en las presentaciones dirigidas al público general, y que merece la pena conocer si el tema realmente interesa.
Financiación y transferencia de conocimiento
La otra limitación tiene que ver con el modelo económico. Estos megaproyectos dependen en gran medida de alianzas público-privadas y de financiación internacional, lo que plantea dudas sobre la deuda a largo plazo y el control de las infraestructuras. Varios expertos marroquíes del sector energético también señalan que el país todavía debe reforzar la formación local de ingenieros y técnicos especializados, para no depender indefinidamente de la experiencia extranjera en mantenimiento e innovación tecnológica. La creación de escuelas de ingeniería y centros de investigación dedicados, sobre todo en torno a Ouarzazate, va en esa dirección, pero el camino sigue siendo largo.
Lo que esto significa si viajas por el sur de Marruecos
Para quien viaja o hace trekking por la región, estas instalaciones no son solo una curiosidad industrial. Han transformado la economía local de ciudades que antes vivían casi por completo del turismo, la agricultura de subsistencia o la pesca. En Ouarzazate, han surgido nuevos hoteles, restaurantes y servicios para acoger a los equipos técnicos llegados de todo el mundo, algo que beneficia indirectamente a los viajeros que pasan por allí camino de las gargantas del Dadès o de las dunas de Merzouga.
En Laâyoune, el crecimiento de los proyectos solares y eólicos ha venido acompañado de un desarrollo más amplio de infraestructuras, con nuevas carreteras, un hospital universitario e inversión en educación superior. Si estás planeando un road trip por la costa atlántica del sur, ir descubriendo estos emplazamientos por el camino, muchas veces visibles desde la carretera principal, añade una dimensión casi inesperada al viaje: sales buscando desierto y dunas, y te encuentras con uno de los mayores campos de espejos solares del mundo.
Si estás preparando una ruta por esta zona, te recomiendo combinar la visita al complejo de Ouarzazate con una parada en las kasbahs del valle del Dadès, un clásico que sigue infravalorado frente a Marrakech o Fez [enlace interno: nuestra guía de las kasbahs del valle del Dadès].
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la mayor planta solar de Marruecos? El complejo Noor Ouarzazate, con una capacidad conjunta de más de 580 MW repartida en cuatro plantas con tecnologías distintas, sigue siendo la mayor instalación solar del país y una de las mayores del mundo en tecnología CSP.
¿Por qué se eligió Ouarzazate para este proyecto? La ciudad cuenta con una insolación directa excepcional, grandes extensiones de terreno disponibles y una conexión relativamente cercana a la red eléctrica nacional, tres condiciones que rara vez se dan juntas en otro lugar del país.
¿La solar ya cubre una gran parte de la electricidad marroquí? Todavía no. La solar representa en torno al 6 % del mix eléctrico nacional, lejos del objetivo global del 52 % de capacidad instalada renovable fijado para 2030, que también incluye la eólica y la hidráulica.
¿Se puede visitar el complejo de Ouarzazate como turista? Existen algunas visitas guiadas a través de agencias locales o circuitos organizados, pero el acceso libre al sitio sigue siendo limitado por motivos de seguridad industrial. Es recomendable informarse en la oficina de turismo de Ouarzazate antes de planear una visita.