Se trata de una subida de seis puntos en un año, medida por uno de los centros de investigación estratégica más serios de España. Llevo tiempo interesándome en cómo la opinión pública construye una imagen de un país vecino, y esta cifra me detuvo en seco: no describe un accidente de comunicación, describe un cambio de percepción que llevaba años gestándose.
- Una cifra que ha sustituido a Rusia en el imaginario español
- Una herida colonial que nunca se cerró de verdad
- La humillación de 1975 y la deuda moral saharaui
- Ceuta, el catalizador del verano de 2026
- Cuando la desconfianza se convierte en doctrina
- Cuatro fuentes de desconfianza que nunca se cruzan
- Lo que Rabat debería retener de este episodio
- Preguntas frecuentes
Entender por qué una mayoría de españoles ve hoy a Rabat como un adversario en lugar de un socio exige mirar mucho más allá de las polémicas en redes sociales del pasado julio. Exige mirar hacia la historia colonial, hacia heridas diplomáticas que nunca se cerraron del todo y, más inquietante aún, hacia ciertas declaraciones hechas desde la cúpula misma de la jerarquía militar española.
Una cifra que ha sustituido a Rusia en el imaginario español
La encuesta de Elcano no es un sondeo de opinión aislado publicado por un think tank marginal. Es el organismo de referencia que mide, año tras año, cómo percibe España al resto del mundo. Y desde hace varias ediciones, Marruecos ha ocupado el lugar que antes tenía Rusia en la mente de los encuestados. Este desplazamiento merece tomarse en serio incluso antes de mencionar la crisis migratoria de este verano, porque apunta a una desconfianza que ya estaba instalada y documentada mucho antes de los primeros incidentes en Ceuta.
Por qué esta cifra sorprende tanto
Lo que llama la atención es el contraste entre este nivel de recelo y la realidad de la relación bilateral. Marruecos y España comparten apenas 14 kilómetros de mar en el estrecho de Gibraltar, intereses económicos considerables y una cooperación de seguridad real contra el terrorismo y el narcotráfico. Sobre el papel, nada justifica semejante nivel de hostilidad percibida. La respuesta, por tanto, no cabe en una sola frase: se apoya en varias capas históricas acumuladas durante casi un siglo, que se reactivaron todas a la vez en el verano de 2026.
Una herida colonial que nunca se cerró de verdad
La guerra del Rif, una derrota que Madrid nunca digirió
Entre 1921 y 1926, la guerra del Rif fue uno de los capítulos más oscuros de la historia colonial española. El desastre de Annual, en 1921, sigue siendo una de las peores derrotas coloniales del siglo XX, infligida por las fuerzas rifeñas de Abd el-Krim Jattabi. Para acabar con esa resistencia, el ejército español recurrió a armas químicas contra población civil marroquí. Un episodio de una gravedad enorme que, aun así, sigue sin ocupar en la memoria nacional española un lugar proporcional a su magnitud.
Franco, una carrera construida en suelo marroquí
Hay aquí una paradoja que conviene nombrar directamente. Francisco Franco construyó toda su carrera militar en Marruecos, como oficial de la Legión y después de los Regulares, esas tropas marroquíes que sirvieron al ejército colonial español. Es desde el Marruecos bajo protectorado español donde comienza, el 17 de julio de 1936, el levantamiento militar que desembocará en la guerra civil. Durante casi cuarenta años, el franquismo mantuvo así una relación profundamente ambivalente con Marruecos: desprecio colonial exhibido en el discurso oficial, junto a una dependencia militar muy real de las tropas marroquíes. Ese nudo histórico nunca se deshizo públicamente en España. Quedó ahí, bajo la superficie, disponible para resurgir.
La humillación de 1975 y la deuda moral saharaui
La Marcha Verde, un punto de inflexión estratégico
En noviembre de 1975, mientras Franco agonizaba y el poder en Madrid se encontraba en un estado de vacío, el rey Hasán II movilizó a 350.000 civiles marroquíes para marchar hacia la frontera del Sahara y forzar la descolonización en favor de Marruecos. Los Acuerdos de Madrid llegaron poco después. Para una parte del establishment militar y diplomático español, este episodio sigue siendo, medio siglo después, un auténtico punto de derrota estratégica: el de una potencia colonial obligada a ceder bajo la presión de una movilización civil organizada por su propio vecino, en un momento en que ya no tenía capacidad de resistir.
Cuando la izquierda española construye un relato inverso
El resentimiento no es patrimonio exclusivo de la derecha española. Parte de la izquierda ha construido, sobre este mismo asunto saharaui, un relato opuesto pero igual de estructurante: el de una deuda moral no saldada hacia una población saharaui que España habría abandonado sin garantizarle el referéndum de autodeterminación prometido. Este relato explica la persistencia del apoyo al Frente Polisario en algunos sectores del PSOE, incluso después del giro de Pedro Sánchez en 2022, que reconoció el plan de autonomía marroquí como la base más seria y creíble. Un sector más radical, en torno a Podemos y sus satélites, va todavía más lejos, y considera a Marruecos una potencia regional monárquica aliada de Occidente, sospechosa por principio.
Lo que conviene entender aquí es que la derecha y la izquierda españolas no detestan a Marruecos por las mismas razones. Una activa una memoria identitaria y colonial. La otra activa una culpa tercermundista. Dos genealogías opuestas que, sin embargo, convergen en el mismo resultado: una desconfianza estructural hacia Rabat.
Ceuta, el catalizador del verano de 2026
Fue sobre este terreno antiguo donde estalló la crisis del verano de 2026. Los días 30 y 31 de julio, varias decenas de miles de personas intentaron cruzar el paso fronterizo de Ceuta en medio de un caos humano de balance dramático. El origen no fue una decisión política marroquí, sino una desinformación viral: publicaciones en redes sociales que anunciaban falsamente la apertura del paso, difundidas hasta el punto de convencer a miles de jóvenes marroquíes de intentar el cruce.
Vox y grupúsculos de extrema derecha se hicieron eco del asunto casi de inmediato. El vocabulario empleado en ese momento por ciertos cargos electos ya no necesitaba codificación alguna: era un discurso abierto y asumido, que reactivaba directamente siglos de imaginario heredado de la Reconquista, en el que el vecino marroquí funciona como el “otro” frente al cual se construye la identidad nacional española.
Cuando la desconfianza se convierte en doctrina
El punto más inquietante de este episodio no vino ni de Vox ni de las redes sociales, sino de la propia institución militar española. Un antiguo director del centro de inteligencia de las fuerzas armadas españolas afirmó públicamente que Madrid podría paralizar las capacidades militares marroquíes en muy poco tiempo en caso de una ofensiva contra Ceuta, describiendo un escenario de represalia sin límite geográfico. Un antiguo jefe del Estado Mayor de la Defensa española, por su parte, declaró sin rodeos en la prensa nacional que, en su opinión, no existía duda alguna sobre una amenaza clara procedente del flanco sur, precisando que esa lectura era compartida en la cúpula de la jerarquía militar.
Es decir, dos oficiales que ocuparon los cargos más altos del ejército español convergen públicamente en la misma designación de Marruecos como amenaza número uno, sin que ello provoque el más mínimo escándalo descalificador en el debate público español. Ahí es donde se mide la verdadera diferencia de naturaleza entre estos fenómenos: el discurso de Vox es movilización electoral, la encuesta de Elcano mide opinión pública, pero la palabra de antiguos jefes del Estado Mayor compromete directamente a la institución que dirigieron.
Cuatro fuentes de desconfianza que nunca se cruzan
Para resumir esta acumulación, pueden identificarse cuatro dinámicas distintas que alimentan la desconfianza española hacia Marruecos, dinámicas que casi nunca se cruzan dentro del propio debate público español:
- Una memoria colonial jamás verdaderamente asumida, entre la guerra del Rif y el legado franquista
- Una culpa ligada al asunto saharaui, sin resolver tanto en la izquierda como en la derecha
- Una viralidad digital que amplifica al instante cualquier crisis migratoria menor
- Una doctrina militar hoy asumida abiertamente por ciertos mandos en la reserva
Mi propia experiencia siguiendo este asunto me ha enseñado algo: precisamente porque estas cuatro dinámicas nunca dialogan entre sí, la desconfianza española resulta tan difícil de desactivar políticamente. Cada bando construye su propia lectura, sin confrontarla jamás con las otras tres.
Lo que Rabat debería retener de este episodio
Marruecos no construyó este marco histórico y no carga con ocho siglos de memoria colonial que rendir ante España: más bien es al revés. Lo que sí puede medir es la solidez de su propia posición sobre el terreno. Pese a este clima de desconfianza manifiesta, la cooperación técnica entre Rabat y Madrid sigue funcionando, y las repatriaciones de personas retenidas en Ceuta continúan con normalidad. Los canales de Estado se mantienen firmes incluso cuando el espacio público se incendia, lo que demuestra que un país puede ser visto como una amenaza por parte de la opinión y del panorama político de un vecino, y seguir siendo, al mismo tiempo, su socio imprescindible sobre el terreno.
Queda una pregunta que trasciende con creces este episodio: ¿cuánto tiempo puede seguir siendo plenamente funcional una relación bilateral cuando parte del establishment de seguridad de un país señala abiertamente al otro como su principal amenaza, sin que ello suscite el menor debate crítico en casa?
Preguntas frecuentes
¿Por qué se percibe a Marruecos como la principal amenaza entre los españoles en 2026? Según el barómetro Elcano 2026, el 55 % de los españoles señala a Marruecos como principal amenaza exterior, una cifra que se explica por la acumulación de la memoria colonial, el asunto saharaui, la crisis de Ceuta y ciertas declaraciones militares recientes.
¿La crisis de Ceuta de julio de 2026 fue una decisión de Marruecos? No, el intento de cruce masivo del paso fronterizo de Ceuta los días 30 y 31 de julio de 2026 partió de una desinformación viral en redes sociales que anunciaba falsamente la apertura del paso, y no de ninguna iniciativa de las autoridades marroquíes.
¿Está en riesgo la cooperación entre Marruecos y España por estas tensiones? No, pese a la desconfianza manifiesta en parte de la opinión pública y de la esfera política española, la cooperación técnica y de seguridad entre Rabat y Madrid sigue funcionando sobre el terreno.
¿De dónde procede históricamente la desconfianza española hacia Marruecos? Tiene raíces en la guerra del Rif de los años veinte, en el papel de Marruecos en la carrera de Franco, en la humillación de la Marcha Verde de 1975 y en el asunto saharaui, que sigue siendo muy sensible en España.