Del 21 de septiembre al 1 de octubre de 2026, el Centro de Experiencia Aérea Militar (CEAM) organizó Black Crow 26, un ejercicio de guerra electromagnética que reunió a los tres ejércitos franceses y a varias fuerzas aliadas. Entre ellas figuraban las Fuerzas Aéreas Reales marroquíes, cuya participación confirmó el domingo 11 de octubre el Ministerio francés de las Fuerzas Armadas y de los Excombatientes. El ejercicio ha concluido, pero su balance ilumina una cuestión que considero central: la capacidad de un ejército para seguir combatiendo cuando sus comunicaciones, sus radares y su navegación son perturbados o engañados.
Un ejercicio concebido para disputar el espectro electromagnético
Empiezo por lo que destaca el ministerio. Según su presentación, Black Crow 26 movilizó a más de 350 colaboradores en la organización y a varios cientos de participantes. El objetivo era recrear un entorno electromagnético disputado y operar en él en condiciones próximas a las de un conflicto de alta intensidad.
El espectro electromagnético es el espacio inmaterial por el que circulan las ondas: comunicaciones por radio, radares, enlaces de datos, navegación por satélite, detección electroóptica. La guerra electromagnética agrupa las acciones destinadas a explotar ese espectro, proteger los propios sistemas y contrarrestar los del adversario, en particular mediante la interferencia o el engaño. La interferencia impide que un receptor funcione, mientras que el engaño lo confunde presentándole señales falsas.
El ministerio plantea la cuestión con bastante claridad: disponer de sistemas eficaces no basta, también hay que poder utilizarlos cuando el adversario intenta detectarlos, perturbar su funcionamiento o neutralizar sus efectos. Creo que esa frase resume bien lo que los ejércitos han extraído de los conflictos recientes.
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Las cifras de Black Crow 26
El balance difundido abarca al conjunto de las fuerzas participantes:
- más de 50 misiones realizadas;
- 180 salidas de aviones de caza;
- 50 salidas de helicópteros;
- 15 salidas de aviones de transporte;
- una veintena de pasos de satélites y numerosas salidas de drones;
- más de 350 colaboradores y varios cientos de militares participantes.
Estas cifras deben leerse con cautela. El ministerio no precisó cuántos aparatos marroquíes participaron ni qué parte de las 180 salidas de caza corresponde a Marruecos. Por tanto, no cuantificaré la contribución de Rabat, y recomiendo al lector desconfiar de cualquier estimación que circule sin fuente.
Escenarios realistas en un entorno deliberadamente degradado
Durante el ejercicio, los participantes se enfrentaron a escenarios realistas. La complejidad del terreno se reprodujo mediante sistemas tierra-aire reales o simulados, capacidades de interferencia y engaño, medios aéreos y sistemas de guerra electromagnética. El ministerio ilustró su presentación con un sistema de defensa tierra-aire en acción, un módulo de lanzamiento terrestre y un radar GM200 encargado de la detección y el seguimiento de amenazas aéreas.
Lo que retengo de este planteamiento es que el reto va más allá de detectar una amenaza. Se trata de comprender sus efectos, adaptar las tácticas y proseguir la misión pese a la disputa del espectro. Una tripulación que descubre que sus enlaces de datos están degradados o que sus sensores son engañados debe improvisar con rapidez, apoyándose en procedimientos ya probados. Eso es precisamente lo que este tipo de entrenamiento busca afianzar.
El ejercicio prepara así a las fuerzas para intervenir allí donde las comunicaciones pueden ser interferidas, los sistemas engañados y las aeronaves expuestas a las defensas tierra-aire. A mi juicio, es una de las lecciones más duraderas de las guerras recientes: la superioridad tecnológica vale poco si no resiste las contramedidas.
Un banco de pruebas para la DGA y la industria
Black Crow 26 no fue solo un entrenamiento. La Dirección General de Armamento (DGA), organismo público francés encargado de equipar a las fuerzas armadas, y varias empresas de defensa lo aprovecharon para probar y evaluar nuevas capacidades. El argumento del ministerio es sencillo: las pruebas de laboratorio miden prestaciones, pero solo una puesta a prueba en un entorno disputado permite comprobar que un equipo funciona cuando el espectro está perturbado.
Aquí persiste la falta de claridad. El ministerio no comunicó la identidad de las empresas asociadas ni la designación de los materiales evaluados. Tampoco indicó si los aparatos marroquíes participaron en este componente experimental. Su contribución oficialmente establecida se limita al empleo de aviones de caza en las actividades multinacionales de guerra electromagnética.
Una dimensión internacional asumida
La edición de 2026 asoció a varias fuerzas aliadas. Bélgica y Marruecos participaron con sus aviones de caza, mientras que Alemania, Estados Unidos y el Reino Unido contribuyeron con sus sistemas de defensa tierra-aire. Por el lado francés, participaron unidades de la Marina Nacional, del Ejército de Tierra y del Ejército del Aire y del Espacio. Cazas, helicópteros, drones, aviones de transporte, sistemas tierra-aire, medios espaciales y dispositivos de guerra electromagnética conformaron un entorno de entrenamiento muy denso.
El ministerio insiste en la interoperabilidad: compartir procedimientos y conocimientos, y entrenar a las fuerzas para actuar dentro de un mismo dispositivo. En un contexto en el que las operaciones pueden reunir a numerosos socios, es una condición de la eficacia colectiva. Hacer trabajar juntos a cazas por un lado y defensas tierra-aire por otro, procedentes de países distintos, obliga además a confrontar métodos que no siempre son compatibles.
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Lo que significa la presencia marroquí y lo que no permite concluir
Procuro no sobreinterpretar. El comunicado confirma la presencia de cazas marroquíes, sin detallar su número, su tipo ni sus misiones. Aun así, cabe situar esta participación en un marco más amplio. Marruecos mantiene desde hace tiempo estrechos vínculos militares con varios socios occidentales, entre ellos Francia y Estados Unidos, y participa en ejercicios conjuntos. Las relaciones políticas entre París y Rabat, además, se han calentado notablemente en los últimos años, tras un periodo de tensiones. Estos elementos de contexto deben verificarse y documentarse antes de su publicación.
Para Rabat, el interés me parece doble. Es operativo, en primer lugar: entrenarse para volar frente a amenazas tierra-aire sofisticadas y en un espectro degradado es difícil de reproducir en solitario. Y es también estratégico: ejercitarse con ejércitos de la OTAN permite contrastar sus procedimientos con estándares probados, aunque Marruecos no sea miembro de la Alianza.
Para París, acoger a socios no europeos responde a una lógica de intercambio de experiencia y consolida relaciones de defensa que no se limitan a la venta de armamento.
Dos lecturas posibles
Las lecturas divergen, y las expongo sin tomar partido.
Para los partidarios de una cooperación más profunda, un ejercicio así ilustra una relación de confianza y un intercambio de conocimientos mutuamente beneficioso, en un ámbito en el que las lecciones aprendidas se comparten con poca disposición.
Los observadores más prudentes señalan que la información pública sigue siendo escasa. Sin precisiones sobre el alcance y la naturaleza del compromiso marroquí, es imposible medir la verdadera relevancia de esta participación, que puede ir desde un compromiso sustancial hasta una presencia más simbólica. El comunicado no permite decantarse.
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Lo que hay que retener
Black Crow 26 ha recordado que el espectro electromagnético se ha convertido en un campo de batalla de pleno derecho, y que los ejércitos se preparan para él mediante ejercicios cada vez más realistas, que asocian fuerzas nacionales, socios e industria. La presencia de cazas marroquíes añade una dimensión diplomática a un acontecimiento ante todo técnico. Queda por saber si se publicarán detalles sobre el alcance del compromiso marroquí, los aparatos movilizados o los equipos probados. Son esos detalles, mucho más que la propia confirmación, los que permitirán medir su importancia.
Preguntas frecuentes
¿Qué es Black Crow 26?
Es un ejercicio de guerra electromagnética organizado del 21 de septiembre al 1 de octubre de 2026 por el Centro de Experiencia Aérea Militar (CEAM), con los tres ejércitos franceses y varias fuerzas aliadas.
¿Qué países extranjeros participaron?
Bélgica y Marruecos aportaron aviones de caza. Alemania, Estados Unidos y el Reino Unido aportaron sistemas de defensa tierra-aire.
¿Cuántos aviones marroquíes participaron?
El ministerio no lo precisó. Las 180 salidas de caza anunciadas corresponden al conjunto de las fuerzas participantes.
¿Para qué sirve la guerra electromagnética?
Busca explotar el espectro de las ondas (comunicaciones, radares, navegación), proteger los propios sistemas y contrarrestar los del adversario, en particular mediante la interferencia y el engaño.