Lo que hay que recordar
- Ante la escalada española por Ceuta y Melilla, Rabat optó por la profundidad estratégica en lugar de la confrontación directa
- El fortalecimiento de los vínculos con Washington y Tel Aviv permitió a Marruecos imponer una correlación de fuerzas precisa frente a Madrid
- Pedro Sánchez navega entre la dependencia del gas argelino, las presiones internas y una memoria histórica compleja con Rabat
- Las críticas a las alianzas marroquíes responden más al ruido mediático que a un análisis real de la correlación de fuerzas
Una crisis, dos lógicas diplomáticas opuestas
Durante la crisis de Ceuta y Melilla, Madrid optó por la vía de la demostración de fuerza: invocación de Bruselas, movilización de las instituciones europeas, un discurso marcial propio de una potencia que defiende las fronteras de un imperio. A la puesta en escena solo le faltó el despliegue simbólico de la Legión ante las puertas de la capital para completarse.
Rabat, por su parte, tomó el camino totalmente opuesto a esta dramatización. En lugar de responder al ruido con más ruido, o a las provocaciones de las derechas y extremas derechas españolas con una escalada verbal, Marruecos eligió la profundidad estratégica: consolidar sus alianzas con dos socios de peso, Estados Unidos e Israel, para infligir a Madrid una respuesta quirúrgica, casi clínica en su eficacia. El mensaje es claro: el Reino no es una potencia periférica suspendida de las decisiones de Bruselas, sino un actor que construye por sí mismo su propia correlación de fuerzas.
Madrid, atrapado entre varios frentes
La ecuación diplomática actual coloca al gobierno de Pedro Sánchez en una posición particularmente incómoda. Debe proteger sus intereses económicos mientras mantiene un canal mínimo con Rabat, sin por ello renunciar a su dependencia del gas argelino, un ejercicio de equilibrista en el que la factura energética pesa en una mano y el cálculo diplomático en la otra.
Mientras Madrid multiplica las señales de cierre ante las reivindicaciones marroquíes sobre los presidios ocupados y las islas adyacentes, Rabat responde con una política de alianzas y equilibrios de poder construidos a largo plazo. Porque las potencias que realmente pesan en un expediente estratégico no se conforman con comunicados: llevan sus posiciones a los foros internacionales, a la ONU, a los espacios que realmente cuentan, dejando a España atrapada entre las presiones internas de izquierda y derecha, las exigencias de sus aliados europeos, y el peso de una memoria histórica densa que va desde la expulsión de los judíos de España hasta la guerra del Rif.
La retórica frente a la realidad de la correlación de fuerzas
Frente a esta estrategia, las críticas dirigidas a las alianzas marroquíes parecen responder más al ruido mediático que a un análisis geopolítico serio. Basta una sola pregunta para desarmar a quienes portan consignas y pancartas: ¿cuántos centímetros de territorio han logrado liberar realmente con esos discursos?
Las relaciones internacionales no se negocian a golpe de hashtags, sino que se construyen mediante intereses convergentes, acuerdos militares y alianzas económicas estructurantes. Un Estado incapaz de asegurar su soberanía y su economía queda tarde o temprano a merced de terceras potencias, con la consiguiente tensión social y el debilitamiento de su posición, un escenario que Marruecos ha sabido evitar gracias a una diplomacia discreta pero decidida, que privilegia el control de las cartas sobre el tablero antes que la mera postura.
¿Por qué Marruecos ha reforzado sus vínculos con Estados Unidos e Israel en este contexto?
Estas alianzas ofrecen a Rabat un peso diplomático y de seguridad que reequilibra la correlación de fuerzas frente a Madrid, sin necesidad de recurrir a la confrontación directa ni a los canales europeos tradicionales.
¿Por qué depende España del gas argelino en este expediente?
Esta dependencia energética limita el margen de maniobra de Madrid, que debe arbitrar entre sus intereses económicos regionales y su posición en el expediente marroquí.
¿Sigue vigente el expediente de los presidios ocupados?
Sí, sigue siendo un punto de fricción recurrente entre Rabat y Madrid, reavivado con frecuencia por las tensiones diplomáticas entre ambos países.