Construido en los astilleros de San Fernando, cerca de Cádiz, el buque de 87 metros pertenece a la gama Avante 1800, una plataforma conocida por sus misiones de vigilancia marítima y protección de zonas económicas exclusivas.
La entrega se produce en un contexto diplomático tenso entre Rabat y Madrid, ligado a la crisis en torno a Ceuta ocupada, lo que llevó a la cancelación de la ceremonia oficial prevista inicialmente. Aun así, en el plano estrictamente operativo, este traspaso es relevante: se trata del buque de combate más importante recibido por Marruecos desde la fragata FREMM Mohammed VI en 2014.
Un patrullero pensado para alta mar
El Moulay Hassan I está lejos de ser un simple guardacostas mejorado. Con sus 87 metros de eslora, 13 metros de manga y un desplazamiento cercano a las 2.020 toneladas, el buque puede albergar hasta 60 tripulantes y alcanzar una velocidad máxima de 24 nudos. Es una arquitectura pensada para la resistencia más que para la velocidad pura, lo que encaja exactamente con las misiones de vigilancia prolongada que la Armada Real pretende encomendarle.
El navío cuenta con una plataforma de vuelo capaz de acoger un helicóptero de unas diez toneladas, además de dos embarcaciones semirrígidas para intervenciones rápidas. Otro detalle que no es baladí en el contexto geopolítico actual: incorpora sistemas de protección frente a amenazas nucleares, biológicas y químicas, un estándar ya habitual en las unidades navales de primer nivel, pero que confirma la ambición del programa.
Sobre el papel, no es un patrullero lanzamisiles. Y es precisamente uno de los puntos que subrayan varios analistas militares marroquíes: aunque el reino fue pionero en este ámbito en África junto a Egipto y Argelia, hoy no cuenta con ningún buque de este tipo en servicio activo. El Moulay Hassan I, en su configuración de entrega, sigue siendo ante todo una herramienta de presencia y control, más que una plataforma de ataque.
Las cifras clave del programa
- Número de construcción: 565
- Eslora: 87 metros / Manga: 13 metros
- Desplazamiento: unas 2.020 toneladas
- Tripulación: hasta 60 marineros
- Velocidad máxima: 24 nudos
- Coste del programa: aproximadamente 130 millones de euros
- Volumen de trabajo: más de un millón de horas para Navantia y sus socios
- Empleos movilizados: unos 1.100 puestos directos e indirectos durante tres años
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Tres años entre San Fernando y el estrecho de Gibraltar
La construcción comenzó en julio de 2023 con el corte de la primera chapa de acero, seguido de la colocación de la quilla en septiembre de 2024. La botadura, por su parte, se remonta a mayo de 2025, tras la cual el patrullero encadenó una larga campaña de pruebas: verificaciones en muelle primero, después salidas repetidas por la bahía de Cádiz y hasta el estrecho de Gibraltar para validar el comportamiento en el mar, el rendimiento de la propulsión y el funcionamiento de los sistemas embarcados.
Este calendario, bastante habitual para este tipo de programa naval, también refleja la creciente capacidad industrial de Navantia, empresa pública española que capitaliza aquí un know-how heredado de la clase Descubierta, diseñada a finales de los años setenta. El diseño del Moulay Hassan I se inscribe en esa filiación, integrando tecnologías de propulsión y sistemas de combate notablemente más recientes.
El contrato no se limita al suministro del propio buque. Incluye un importante componente de apoyo: piezas de repuesto, herramientas, documentación técnica completa, además de la formación en España de personal de la Armada Real marroquí. Es un aspecto a menudo infravalorado en este tipo de acuerdos, aunque condiciona directamente la capacidad de Marruecos para mantener el buque operativo a largo plazo sin depender indefinidamente del constructor.
Una entrega discreta, pero cargada de significado político
Lo que más llama la atención en este caso es el contraste entre la magnitud industrial del programa y la discreción con la que se ha cerrado. Navantia había previsto inicialmente finalizar los trámites durante el verano, con una ceremonia institucional que reuniría a autoridades de ambos países. Ese acto se canceló finalmente, ya que las tensiones entre Rabat y Madrid en torno a Ceuta ocupada hicieron insostenible la puesta en escena diplomática.
La firma del acta de transferencia entre Navantia y la parte marroquí se produjo, no obstante, según lo previsto, permitiendo que el buque abandonara las instalaciones españolas con su tripulación marroquí a bordo. Una decisión que parece deliberada, al separar la dimensión puramente contractual e industrial de la relación bilateral del clima político más amplio.
Habiendo seguido varios expedientes de adquisiciones militares en el Magreb en los últimos años, me parece bastante revelador este desacoplamiento: la cooperación industrial de defensa entre Marruecos y España sigue avanzando incluso cuando la diplomacia oficial se estanca. Es una señal que no conviene subestimar, dado lo entrelazados que siguen estando, en la práctica, los intereses económicos y de seguridad a ambos lados del Estrecho.
Una flota marroquí en plena reconfiguración
El Moulay Hassan I es solo un primer hito. Marruecos también ha encargado un segundo patrullero de la misma clase, dentro de un contrato global valorado en unos 2.900 millones de dirhams para ambas unidades. Esta renovación llega justo cuando la Armada Real ha dado de baja recientemente sus dos fragatas de vigilancia de clase Floréal, Hassan II y Mohammed V, dejando un vacío de capacidades que estos nuevos patrulleros deben ayudar a cubrir en parte.
Esta renovación de la flota marroquí se inscribe en una trayectoria más amplia de modernización naval del reino, iniciada especialmente con la fragata furtiva FREMM Mohammed VI entregada en 2014. Doce años después, el Moulay Hassan I confirma que este impulso no se ha apagado, pese a unos presupuestos de defensa ajustados y prioridades que compiten en otros frentes, sobre todo terrestres.
Queda por ver cómo integrará exactamente la Armada Real este nuevo buque en su dispositivo operativo, entre la vigilancia de las aproximaciones atlánticas, el control de la zona económica exclusiva y una eventual participación en misiones conjuntas con socios regionales o euroatlánticos.
Lo que hay que retener
La recepción del Moulay Hassan I dice mucho por sí sola sobre varias dinámicas que atraviesan el sector naval mediterráneo en 2026: la solidez persistente de la asociación industrial entre Rabat y Madrid, la capacidad de Marruecos para financiar programas de armamento ambiciosos pese a la incertidumbre regional, y la resiliencia de la cooperación técnica frente a las turbulencias diplomáticas. Un solo buque que, en definitiva, revela más sobre el verdadero estado de las relaciones hispano-marroquíes que muchos comunicados oficiales.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el patrullero Moulay Hassan I?
Es un patrullero de altura de 87 metros, perteneciente a la gama Avante 1800 de Navantia, entregado a la Armada Real marroquí el 17 de septiembre de 2026 para misiones de vigilancia marítima y control de zonas económicas exclusivas.
¿Quién construyó el Moulay Hassan I?
El buque fue diseñado y construido por Navantia, el astillero público español, en su factoría de San Fernando, cerca de Cádiz, en el marco de un contrato firmado en enero de 2021.
¿El Moulay Hassan I está armado con misiles?
No, en su configuración actual es principalmente una plataforma de vigilancia y presencia en el mar, sin capacidad de lanzamiento de misiles, a diferencia de otras unidades históricas de la Armada Real.
¿Cuánto cuesta el programa Moulay Hassan I?
El programa se estima en unos 130 millones de euros para esta primera unidad, dentro de un contrato más amplio que cubre dos patrulleros por un valor total aproximado de 2.900 millones de dirhams marroquíes.